Cuando llorar no basta

Foto propia

Me cuesta poner palabras a lo que siento, pero después de 22 días puedo empezar a expresarlo.

Jamás creí que el 2024 me traería una de las experiencias más amargas de la vida. Algo que no esperaba tener que afrontar hasta dentro de 15 o 20 años: la muerte de mi padre (a los 72).

Nunca imaginé que vería a mi padre exhalar su último aliento (de forma literal) y eso siempre estará ahí, como una alargada sombra que se cierne en mi memoria, ese instante en que su cuerpo se movió por última vez y soltó un bufido, como si fuera su propia alma escapándose por la boca entreabierta. Los estertores de la muerte los llaman.

A mis 44 años me he despedido de mis cuatro abuelos; cuatro ocasiones distintas, todas tristes, pero ninguna comparable a la pérdida actual. Hacía solo 10 meses cuando mi abuelo murió a los 95 años y, en menos de un año, aquí estoy, «huérfana» de padre.

Y debo decir que no fue un padre modelo, ni un hombre ejemplar; tenía sus defectos, como todos los humanos, pero era mi padre y era perfecto para mí. Su rebeldía me inspiró en la adolescencia y, como buena alumna, superé al maestro: solo yo lo mandaba a la mierda si era preciso o me cabreaba. Con los años me había ganado su respeto, me escuchaba y valoraba mis palabras, aunque él solo hacía caso del viento (como buen signo de aire).

Sé que estaba orgulloso de mis triunfos y también por resurgir de mis derrotas; no me lo decía con palabras, pero sus gestos lo delataban.

Siempre te recordaré con tus camisas de cuadros o hawaianas, subido en el tractor, removiendo cacerolas en la cocina, bajo el chorro de la manguera en verano, rodeado de niños y de perros allí donde estuvieras, riendo a carcajadas frente a la tele y soltando improperios con una gracia que ya nadie te tomaba en serio (aunque estuvieran muy fuera de lugar).

Me quedo con tu perenne sonrisa, porque aunque siempre te quejabas de todo y de todos, lo hacías con humor.

T’estimo

29 comentarios en “Cuando llorar no basta

  1. Querida Lídia, estamos lejos y no puedo regalarte el calor de un abrazo real. Sin embargo, también las palabras brindan afecto y es lo que estas llevan hasta ti. Tienes a tu madre y más que nunca deseará compañía porque a ella sí le habrá quedado un gran espacio vacío en su día a día.
    Has sido capaz de compartirnos lo fuerte de tu experiencia y lo agradezco.
    ¿Sabes? Me doy cuenta que perfectamente podrías ser mi hija, ¡tengo 72!
    No comento a menudo, pero siempre que puedo te leo y aplaudo tus proyectos.
    Poco a poco el tiempo decanta todo; que estés bien.
    Un abrazo cálido y afectuoso.

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    • Tus palabras siempre me reconfortan y hoy más que nunca. Recibo tu abrazo y tu cariño. Agradezco tus palabras y tu presencia como lectora en la sombra y, aunque no comentes, sé que estás ahí. Gracias por ello.
      Supongo que el tiempo es importante (aunque no lo cure todo como dicen).
      Te mando un abrazo de vuelta, Sari 💜

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  2. Hola Lidía bonita, lo siento mucho. Y entiendo lo duro que te resulta porque ya he pasado por ello. Nunca lo esperamos, siempre nos parece pronto y los vemos aun jovenes. No es comparable con abuelos u otros parientes, por mucho que los abuelos te hayan querido y tu a ellos. Es algo totalmente distinto que solo cuando pasa ves la gran diferencia.
    Seguro que era un gran hombre (defectos todos tenemos, ainss) pero no encontraras nada tan grande como saber que estaba orgulloso de ti y verle emplear a fondo el humor.
    Vuelcate en tu madre que seguro que te necesitará mas de lo que deje entrever.
    Un fuerte abrazo, eres muy valiente con tan poquitos dias ser capaz de expresarlo.
    Besote!!!!!!

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  3. Lidia, me hiciste recordar a mi padre que parece que se parecía mucho al tuyo por lo que nos cuentas. Siento tu tristeza porque la he vivido, cuando nuestros seres queridos se van nos queda la ausencia y la presencia nunca tan apreciada. Te doy mi abrazo en la distancia y te digo, lo mismo que decía Tagore. «Si lloras por haber perdido el sol, tus lágrimas te impedirán ver las estrellas» y tú eres luz. No te dejes vencer por ese dolor tan agudo, mira a tu alrededor… ¡Adelante! Muchos besos, pacencia y Amor. Abrazo fuerte.

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  4. Uno nunca encuentra las palabras suficientes y adecuadas para consolar al que queda. Solo podemos estar junto a tí en silencio y en la distancia, y abrazarte. Nos quedamos con la sonrisa de tu padre. Los buenos recuerdos. Todo mi cariño Lídia. A tí y a los tuyos.

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  5. Es un suceso terrible y un enorme sufrimiento, creo que solo con el paso del tiempo los mejores recuerdos mitigan ese profundo dolor. Los padres somos así, cabezones y cascarrabias por naturaleza, pero siempre dispuestos a luchar por vuestra felicidad y llenos de orgullo y agradecimiento por la oportunidad de compartir nuestra existencia con unos hijos tan maravillosos. Un besazo.

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  6. Lo siento mucho Lidia. Son momentos que nunca esperamos vivir y resulta duro afrontar. Pero tienes la suerte de poder quedarte con sus recuerdos, con su humor, con que estaba orgulloso de ti y, por tu forma de hablar, con que tú lo estás de él. Y eso es muy importante.
    Un abrazo y mucho ánimo.
    Marlen

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  7. Hola, Lídia.
    Acabo de llegir això ara mateix. Ho sento molt, molt, de veritat.
    Aquestes coses arriben molt a dins de nosaltres… el dolor, la tristesa, el sentiment de pèrdua, d’abandonament, fins i tot el penediment al pensar que podríem haver fet més o haver tingut una millor relació.
    La roda dels pensaments, les cadenes de les emocions. Per més humà i comprensible que sigui tot això. No sé si entens el que vull dir, però crec que sí. En el fons som llum, conciència i amor i hem d’acceptar que només tenim i vivim el moment present i que vida i mort són part d’un tot. I això ens pot portar pau, encara que costi una mica.
    També passarem via… tu, jo, tothom… encara que soni bèstia dir això. Però és així.
    El meu pare va morir el 1979. Jo no tenia ni quinze anys. I ma mare fa poc, el 2020. Tenia 76 anys i estava força tocada de salut.
    Just avui he tingut un record pel meu pare i he comentat tot això, doncs una bloguera feia un recordatori del seu pare amb relació a una cançó. T’ho deixo aquí perquè potser t’agradaria llegir-ho.
    I… una cosa més, encara que potser soni superflu: et tinc en molta estima, m’importes, signifiques alguna cosa per a mi, encara que només ens coneguem per la blogosfera. Sí, les coses han de dir-se, perquè potser un dia ja no es pot fer.
    Una abraçada.

    500 miles – Peter, Paul & Mary

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    • Hola, What. Moltes gràcies 🖤
      He experimentat la pèrdua en altres moments de la vida, pero mai com ara. És diferent, més intensa, més transcendent.
      Agraeixo molt les teves paraules i el món seria un lloc millor si expresséssim més el que sentim des de l’amor i no des de la ferida (sigui la que sigui. Tots en tenim més d’una) o la ràbia. La blogosfera ens permet connectar sense que la materia ens limiti, perque podem fluir des de l’energia que mouen les paraules.
      Jo també t’aprecio i t’envio una abraçada de tornada.

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  8. Pingback: Lo mejor del 2024 | El Blog de Lídia

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