Tejida en escarcha,
entre ramas de vid.
El sol tras la niebla espera.
Más poesías como haikus, haibuns y otras poesías libres AQUÍ.
Lídia Castro Navàs.
Tejida en escarcha,
entre ramas de vid.
El sol tras la niebla espera.
Más poesías como haikus, haibuns y otras poesías libres AQUÍ.
Lídia Castro Navàs.
La espera desgastada,
el tiempo paralizado, detenido en un suspiro,
interrumpido, cortado,
que no se llega a liberar.
La tensión mortecina de un agarre que no aprieta,
olvidado en el óxido del tiempo.
Atrapado en pensamientos líquidos
que no se materializan
y que esconden el suspiro no nato
de un alma errante,
perdida entre objetos cotidianos.
Lídia Castro Navàs.
Por más experiencias de las que enriquecen el alma,
Por más vivencias para liberar memorias,
Por más viajes vitales,
de los que te remueven antes, durante y después,
Por más paisajes que nos hacen de reflejo de nuestro ser
y nos ayudan a crecer, a desaprender y a volver aprender.
Gracias a la vida por permitirme eso.
En un día especial, una poesía especial <3

Palacio de Cristal (Madrid). Foto propia
Gracias por ser mi refugio,
cuando llueve en mi alma;
Gracias por ser mi sustento,
cuando mis pasos no avanzan;
Gracias por aliviar mi tristeza,
Cuando no encuentro la calma.
Gracias por ofrecerme tu luz,
cuando la mía se apaga.
Gracias, gracias, gracias…

¡Oh, mi faro, mi luz!
Guíame por las sendas oscuras,
no permitas que mi alma se pierda entre las sombras,
muéstrame el camino hasta ti.
(25 palabras sin contar el título)
Esta es mi participación al reto «Emociones en 50 palabras» del blog de Sadire Lleire.

Bienvenido invierno de la vida,
ese que arrebatas el frío de nuestros corazones
y también el calor.
Ya nada se siente,
ya nada importa,
todo es ahora energía en transformación
sobre este manto orgánico
al que nos aferramos.
Gran belleza invisible para el que respira,
solo aquel que ha visto el sombrío final
es capaz de captarla.
Y allí mora: vibrando en los árboles,
susurrando en la brisa…
Hasta su transformación completa 🖤🍃💫

Collage hecho por mí con Canva.
A veces vuelven a asomar las náuseas por mis ojos
y la amenaza del vómito me deja sin respiración.
No me duelen las lágrimas perdidas.
Siento esa sensación en el pecho, de encogimiento;
un agujero negro que crece veloz y sin descanso, inevitable.
No me duelen las lágrimas perdidas.
Me asaltan los pensamientos recurrentes
que apagan toda esperanza y oscurecen mi luz.
No me duelen las lágrimas perdidas.
Lo que me duele es el tiempo…
el tiempo perdido anhelando una ausencia.

Pixabay
Cada noche sueño que
recibo millones de susurros.
Susurros cargados de cariño,
de anhelo, de complicidad…
Cada noche sueño que
recibo millones de caricias.
Caricias cargadas de afecto,
de pasión, de dulzura…
Cada noche sueño que
recibo millones de besos.
Besos cargados de amor,
de deseo, de ternura…
Cada noche sueño…
cada noche sueño contigo.

Actúan como anestesiados al cumplir una orden, para no sentir, para no empatizar; igual que yo.
No somos tan diferentes…
Sus ojos se entrecierran y fruncen el ceño cuando los rayos del sol les dan de frente; igual que a mí.
No somos tan diferentes…
Sus cuerpos duelen y sangran si se hieren; igual que el mío. Y su sangre es viscosa y roja; como la mía.
No somos tan diferentes…
Es el mismo cielo el que admiran desde la ventana de sus casas y el que yo veo desde la grieta de mi barracón. Son las mismas estrellas a las que nos dirigimos para pedir un deseo.
No somos tan diferentes…
En el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto.
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