
Con este son ocho los años que llevo organizando este reto de escritura creativa. Mi objetivo era ofrecer un espacio en el que todas las personas que quisieran, pudieran poner rienda suelta a su imaginación y así practicar lo que más nos gusta: ESCRIBIR.
En los últimos tiempos he observado una menor participación, cosa que es normal, dado el viraje social y tecnológico que estamos viviendo, pues cada vez tenemos menos tiempo (y menos neuronas). No por ello me he rendido y sigo sacando tiempo para proponer nuevos desafíos. GRACIAS a los que seguís de forma fiel a la cita.
Como profesora de secundaria en un instituto, me las ingenio para saber si mi alumnado comete trampas con la IA a la hora de crear sus trabajos o hacer sus deberes. Para ello uso un sin fin de detectores, que jamás creí que usaría fuera del aula.
Desgraciadamente, hace un tiempo que sospechaba que algunas personas que participan en el desafío usaban IA en sus aportaciones mensuales. Quise salir de dudas y los detectores me lo confirmaron. Por ello, me he visto en la obligación de añadir un apéndice importante en las bases del desafío, tal y como se muestra en la siguiente imagen.

El premio del desafío es precisamente la satisfacción de sentarse unos minutos largos a escribir lo que nos inspiren los elementos que propongo. No tiene ningún sentido que lo haga una máquina por nosotros. ¿Dónde está el desafío entonces?
Espero que con esto las personas se alienten a escribir por sí mismas y seguir compartiendo así el amor por la escritura creativa (y humana).
Lídia Castro Navàs