
Ningún pirata se atrevía siquiera a acercarse a los límites de la ciudad. Hacer largas guardias en una costa tan bien protegida era algo anodino, pero también tenía sus ventajas: me permitía admirar muchos amaneceres, observar las diferentes tonalidades del cielo y perderme en la cambiante forma de las nubes mientras pensaba en ti.
Lídia Castro Navàs
Para leer otros microrrelatos (o relatos más largos) visita mi biblioteca.
