Perturbando la paz

Foto propia. La Garrotxa, 2018

Fuimos muy felices en esa casa. Había pertenecido a mi familia durante varias generaciones. Vivíamos muy tranquilos, lejos de los ruidos de la gran ciudad. En paz. No podíamos ser más dichosos.

Hasta que todo eso cambió…

Primero fue el perro, empezó a comportarse de forma extraña. Siempre con la mirada perdida, escudriñando la nada y sus ladridos dirigidos a ninguna parte. Después, mi hija pequeña, no conciliaba el sueño y decía oír susurros. Finalmente, todos fuimos conscientes de su presencia.

Sus ruidos perturbaban nuestro silencio y la paz desapareció de nuestras vidas. Tuvimos que mudarnos, ya que se había instalado en nuestra casa y estaba dispuesto a no dejarnos tranquilos.

¡Estos vivos no tienen ningún respeto por nosotros, los espíritus!

Lídia Castro Navàs

48 comentarios en “Perturbando la paz

  1. – Sí, ya estaba harto de que esos diablillos me persiguieran por toda la mansión, me tiraran de la sábana y me dejaran en pelota picada… ¡con el frío que hace!
    – Ni darnos un paseo de madrugada, podíamos… casi nos daban ganas de recuperar nuestra identidad corpórea y liarnos a mamporros…

    Con ese panorama desde luego, Lidia, es normal que tuvieran que irse, casi como si fuera un desahucio, jeje.
    Un abrazo y feliz domingo.

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    • Eso, hombre ya!! Que me dejen tranquila, ni descansar le dejan a una!! Tengo al perro que ya no es él el pobre… igual también influye que lleva muerto doscientos años, no sé… 😅 jajaja 😂😉
      Feliz tarde de domingo, Andrea!! 😊 😘

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  2. Jajaja, Impredecible el final. ya me lo imaginaba al revés. Voy a ver sí el título da alguna pista. Nada ni por esas Lídia. Con cada casa una sorpresa distinta. Un beso.

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  3. Jajaja Es que ya me los estoy imaginando a los pobres espíritus aguantando el reaggeton de los nuevos vecinos… así la vida no resulta ni pizca de fácil y normal que el perro chille…jjjj

    Besos Lidia 😘

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  4. Pingback: Un balance diferente – Mis historias y otros devaneos

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