Tejida en escarcha,
entre ramas de vid.
El sol tras la niebla espera.
Más poesías como haikus, haibuns y otras poesías libres AQUÍ.
Lídia Castro Navàs.
Tejida en escarcha,
entre ramas de vid.
El sol tras la niebla espera.
Más poesías como haikus, haibuns y otras poesías libres AQUÍ.
Lídia Castro Navàs.
La espera desgastada,
el tiempo paralizado, detenido en un suspiro,
interrumpido, cortado,
que no se llega a liberar.
La tensión mortecina de un agarre que no aprieta,
olvidado en el óxido del tiempo.
Atrapado en pensamientos líquidos
que no se materializan
y que esconden el suspiro no nato
de un alma errante,
perdida entre objetos cotidianos.
Lídia Castro Navàs.
Por más experiencias de las que enriquecen el alma,
Por más vivencias para liberar memorias,
Por más viajes vitales,
de los que te remueven antes, durante y después,
Por más paisajes que nos hacen de reflejo de nuestro ser
y nos ayudan a crecer, a desaprender y a volver aprender.
Gracias a la vida por permitirme eso.
En un día especial, una poesía especial <3
No te echo de menos,
solo pienso en tu voz estimulante,
y en esas tiernas atenciones que llenaban mis horas.
~
No te echo de menos,
solo me faltan tus buenos días puntuales,
y tu compañía serena en madrugadas o tardes.
~
No te echo de menos,
solo recuerdo tus buenas noches habituales,
acompañadas de abrazos cálidos y dulces sueños.
~
No te echo de menos,
solo es mi memoria traicionera,
que te creó a su antojo y para su complacencia.
~
No te echo de menos,
porque no existes.
—¿Vamos hasta la orilla?
—Vale, vamos. ¡A ver quién llega antes!
…
—¡He ganado! —grita de júbilo—. ¡Llegué primera!
—No estoy muy segura. ¿Volvemos a intentarlo?
—Venga.
…
—¡Volví a ganar!
—No, no ahora sí que no, juraría que yo llegué antes.
—No vuelvo a competir contigo, eres una ola que no sabe perder.
Anoche estuve de caza. Me cubrí bien con el embozo, pues había refrescado y me puse a leer mientras esperaba a mi presa. Mis ojos hicieron varios amagos por cerrarse, pero me forcé para no caer en las redes de Morfeo. Y así estuve hasta que mi presa hizo acto de presencia. Su zumbido inconfundible me sonsacó de mi ensoñación. Me incorporé de un salto y cogí el arma, que yacía en el suelo junto a mí. Tardé por lo menos una hora en darle caza, pero su endeble cuerpo sucumbió al zapatillazo que le di.
Espero que no se vuelva a colar otro mosquito en mi cuarto y ose interrumpir mi momento de lectura.
P.D: Era un mosquito, pero me pareció un león; de ahí la foto 😉 jajaja

Ante mis ojos se alzaba un frondoso bosque donde nadie se atrevía a entrar por la presencia de una magia ancestral. Soplaba una leve brisa que hacía que el follaje susurrara mensajes enigmáticos que no alcanzaba a comprender. Y, aunque temerosa, me adentré en ese insólito paraje, pues allí residía la Señora de los árboles, la única capaz de curar mi enfermedad: mis raíces se habían convertido en piernas.
Esta es mi participación en el Reto 5 líneas del blog de Adella Brac.

Cielos que parecen océanos,
ramas que semejan ser telarañas,
días que son oscuros y
sueños que quieren trasnochar.
Lídia Castro Navàs
El compañero de letras (y supuesto amigo 😛 ), Francisco, del blog Historias malditas, malditas historias me retó a escribir tres greguerías en tres días consecutivos.
Aquí va la primera:

Lo mejor para iluminar la noche es una bombilla nueva o una luna vieja
Lídia Castro Navàs
Me tomo la libertad de retar a toda persona que vea esto y quiera ser retada 😉 Quien lo acepte y agregue mención, se le agradecerá con una ración de abrazos virtuales. Gracias 🙂

—Hazte a un lado, ¿quieres? —dice una.
—Muévete tú —contesta la otra malhumorada.
—¡Qué mal genio! Solo te pedía un poco de espacio —le responde.
—Es que yo tampoco tengo sitio; me están empujando —añade indignada.
—A ver… no os discutáis. Todas estamos algo estrechas hoy y ya sabéis qué pasa si nos ponemos tensas… Que se desatará una tormenta —interviene una tercera.
—¡Dejad hacer el trabajo a nuestro amigo Euro! Veréis cómo nos dispersa —agrega otra más.
—¡Chicas, sois muy impacientes! Jamás había visto unas nubes tan pesadas —se queja Euro, el viento del este.
Lídia Castro Navàs
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