
Las personas son seres muy complejos. Cada día veo a mucha gente pasar por delante de mí. Los que más, se dirigen a sus trabajos, con prisas. En sus caras se pueden intuir un sinfín de emociones contenidas: enojo, miedo, preocupación… En menos ocasiones, también percibo alegría, ilusión, satisfacción… Siempre me pregunto cuál será su historia. La historia que todo el mundo lleva consigo. Seguro que son más interesantes que la mía: estoy en la calle durante horas en la misma posición. El resto del tiempo lo paso en el fondo de la tienda, rodeada de ropa, a oscuras. No es muy alentador, pero no sé por qué razón, me siento en paz, calmada y en equilibrio.
Lídia Castro Navàs