El final

Aún no lo comprendía… ¿Por qué me vendían después de tantos años a su servicio? Me encontraba en una nave industrial a la espera de que mis viejos dueños acabaran con la transacción. Yo solo quería sentirme seguro y terminar mis días en paz. Entonces me llamaron y me guiaron hasta una sala fría y gris. Allí había un hombre:

—Soy el matarife, ya está todo preparado. Acercadme al caballo.

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Lídia Castro Navàs