
Llevaba caminando toda la noche, no sabía si la dirección era la correcta o había estado dando círculos. La oscuridad del bosque no me permitía ver mis pasos. Deseé poder volar y recordé las zapatillas aladas de ese dios griego; no supe su nombre en el examen y seguía sin saberlo. Pero sí recordaba el del monstruo mitad humano, mitad toro: el Minotauro del laberinto (curiosamente, yo me sentía en uno). La excursión para ver unas pinturas rupestres se había truncado cuando me despisté. La profesora tenía mi móvil y yo una orientación pésima.
Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de abril, un microrrelato de 94 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.
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Lídia Castro Navàs











