Iluminación súbita

No podía más, mi cuerpo no estaba bien y la vida se me antojaba un infierno. Cuando cumplí los 18 mi bisabuela me regaló un colgante con la runa kaunaz y algo dentro de mí se despertó; como una iluminación súbita, una sabiduría profunda que me hizo comprender la vida de un modo muy diferente. Mi cuerpo se estaba comunicando conmigo a través del dolor y, cuando por fin lo escuché, todo se hizo más liviano. Supe que no podía ir en contra de lo que mi alma estaba destinada a hacer, por mucho que no encajara con la sociedad.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de junio un microrrelato de 100 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

¡Te invito a participar!

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¿Te interesan los juegos de mesa que te ayuden a mejorar tu escritura? 

Te aconsejo unos cuantos. Echa un vistazo en el siguiente enlace:

Lídia Castro Navàs

El empujón

Salir del pozo oscuro en el que se había convertido mi vida fue un gran reto. Algo me empujó: tal vez fueran las flores lilas que trajo mi vecina; me aseguró que no solo eran bonitas sino que me ayudarían. No entendía cómo iban unas flores a ayudarme, pero confié. O quizás fueran los consejos de mi hermano: “Coge la barca y échate al río. Navegar lo soluciona todo”. Valga decir que él es escorpio y marinero, su elemento es el agua y su pasión navegar. No sé qué fue, pero aquí estoy, remo en mano, rumbo a lo desconocido.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de mayo, un microrrelato de 100 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Perdida

Llevaba caminando toda la noche, no sabía si la dirección era la correcta o había estado dando círculos. La oscuridad del bosque no me permitía ver mis pasos. Deseé poder volar y recordé las zapatillas aladas de ese dios griego; no supe su nombre en el examen y seguía sin saberlo. Pero sí recordaba el del monstruo mitad humano, mitad toro: el Minotauro del laberinto (curiosamente, yo me sentía en uno). La excursión para ver unas pinturas rupestres se había truncado cuando me despisté. La profesora tenía mi móvil y yo una orientación pésima.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de abril, un microrrelato de 94 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Júpiter retrógrado

Las palabras no fluían cuando me ponía a escribir. Me sentía con las manos atadas. Mi astróloga de confianza me explicó que Júpiter estaba retrógrado sobre mi luna natal y eso afectaba a mi imaginación. Pero sus palabras no me ayudaron con el bloqueo. Entonces, mi editora me aconsejó que no escribiera con tanto cuidado, revisando cada línea para que quedara limpia de errores. “Escribe en bruto, desde la emoción, no analices ni rectifiques nada”. Desde ese día el bloqueo desapareció.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de marzo, un microrrelato de 81 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Revuelo en la asamblea

En la asamblea se armó revuelo:

— ¿No deberían los hombres estar más conectados con la naturaleza? —sugirió alguien. 

— ¡Y con sus emociones! —añadieron.

— ¡Que dejen de dañar a otras personas! ¡Y a los animales también! 

— ¡Eso, que suelten ya las armas de esa virilidad tóxica! 

— ¡Y que usen su fuerza para construir, no para destruir!

Alguien intentó apaciguar el ambiente:

— Calma. Una nueva masculinidad es posible en el futuro; pero centrémonos en el presente, el primer paso es que frieguen los platos sin que se lo diga nadie.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de febrero, un microrrelato de 88 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Finalmente

Cuando traspasó el umbral de su nuevo hogar sintió la calma y la seguridad. Llevaba consigo una figurilla de cuarzo rosa para decorar el salón. Se sentía agradecida y a la vez temerosa. Había vivido de alquiler, hasta que la echaron para hacer pisos turísticos; había pagado precios abusivos por una habitación en un piso compartido, sin intimidad… Finalmente había conseguido su espacio a cambio de todos sus ahorros y una hipoteca de 30 años.

Y es que, sea como sea, la vivienda en España es un león feroz que acecha en la oscuridad de la selva urbana.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de enero, un microrrelato de 98 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Aprender a poner límites

Por mucha luz que una tenga, acabará por apagarse del estrés. Hay que aprender a poner límites, a decir que no, a anteponerse; es la asignatura pendiente hoy en día. Y todo porque nos han educado creyendo que es de ser mala persona no ayudar a los que quieres. Pero llega un momento en que una se siente como esos enanitos mineros, picando piedra todo el día. Está bien alumbrar a los demás desde la libertad, pero también está bien, de vez en cuando, que nos iluminen a nosotras como si de un cinematógrafo se tratara.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de diciembre, un microrrelato de 96 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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La llave

Eileen* volvía a encontrarse en ese laberinto de piedra seca, donde la vegetación crecía sin orden. Caminó con decisión, dispuesta a dar con la llave que abriría esa puerta circular. Estaba segura de que tras ella hallaría la respuesta a todas sus preguntas. Pero, en realidad, la chica no estaba en un laberinto real, sino en uno emocional; y esa llave que ansiaba tener no era más que la fórmula para gestionar todo lo que sentía. No tardaría en dar con la fórmula, mientras tanto, su mente recreaba ese espacio inventado para ayudarla.

*Microrrelato inspirado en la protagonista de mi novela Melodía ancestral.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de noviembre, un microrrelato de 93 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Tras la puerta

Foto propia. Liechtenstein, 2017

«Unos cánticos enigmáticos me llevaron por calles empedradas y estrechas, hasta lo alto de una colina. A lo lejos vi la figura de una antigua iglesia, que pertenecía a un pequeño monasterio que fue abandonado después de que una epidemia de peste diezmara a todos sus residentes.
Y allí estaba, frente a la puerta de madera ajada que me separaba de lo que acontecía en su interior. Estaba dispuesta entrar, con el pulso tembloroso cogí el pomo de la puerta, al tiempo que un grito rompió el silencio y…».
Bip.
Me llegó un mensaje de WhatsApp. Mis amigas me esperaban en la plaza para ir a la fiesta de Halloween.
Dejé la novela en la parte más interesante, cuando la protagonista estaba a punto de descubrir qué pasaba en esa iglesia, pero tendría que descubrirlo en otro momento.

Feliz Halloween / Castañada👻🦇🎃🌰🍠


Otra de mis tríadas: Ilustración + microrrelato + música. Recomiendo disfrutar todo a la vez. Espero que te guste.

Lídia Castro Navàs

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Asustar o reír; esa es la cuestión

Ser el fantasma de una mansión es cada vez más exigente. Al principio, el trabajo me gustaba, era fácil y divertido asustar a esas gentes desprevenidas. Pero la industria ha cambiado mucho. La última petición fue aparecer lavándome los dientes; con el cepillo de dientes en una mano y la pasta en la otra salí a hacer mi “numerito”. Me siento como un bufón, cuyo único cometido es hacer reír a costa de perder su dignidad. He dejado de dar miedo, la gente prefiere reír, pero yo no estoy seguro de que esto sea para mí. 


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de octubre, un microrrelato de 98 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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