Sangre roja; día negro

Puedo escuchar perfectamente las voces de los manifestantes que piden respeto y libertad. Las cacerolas han dejado paso a las flores rojas en sus manos; rojas como el color de la sangre inocente vertida el domingo. Aún recuerdo cómo algunos se mantenían en posición horizontal y fueron arrastrados a la fuerza. Otros, golpeados con violencia sin ninguna razón. Espero no vivir jamás otro día negro como ese.  

Lídia Castro Navàs