Aroma de regaliz

Empezaba el curso en un nuevo centro, en una nueva ciudad. Había aprobado las oposiciones de docente y me sentía feliz, aunque tantas novedades me inquietaban dada mi extrema sensibilidad.

La búsqueda de alojamiento fue toda una odisea; y pensar que a mi edad tendría que volver a compartir piso… Era como volver a mis tiempos en la facultad.

La mudanza, la convivencia con mis compañeras de piso, trabajar con el equipo docente… todo eso fue más fácil de lo que imaginé, solo me quedaba conocer a mi nuevo alumnado.

Al entrar en el aula todavía vacía, un inesperado aroma de regaliz me acarició el rostro. Cerré los ojos y alcé el mentón con la intención de retener el recuerdo que me evocaba. Ese aroma me transportó muy lejos de allí, atrás en el tiempo; un tiempo en el que yo me situaba detrás de uno de esos pupitres alineados y no frente a ellos. Un curso concreto en el que todo fue nuevo: el paso de primaria a secundaria, la llegada a un centro diferente, el volver a hacer amigas. Un año especial, en el que descubrí que esa sensibilidad que me caracterizaba no era una debilidad, y eso cambió mi vida para siempre. 

*** 

Se aproximaba el final del primer trimestre, justo antes de las vacaciones de Navidad, y en mi nuevo instituto se hacía una especie de juego llamado «amigo invisible». A cada uno nos tocaba un compañero o compañera a quien tendríamos que hacer un regalo el último día de clase. Pero, en los días previos, debíamos dejar pistas sobre quiénes éramos, sin ser demasiado evidentes, para causar expectación. Me pareció algo muy divertido, aunque me advirtieron de que no todo el mundo perdía su tiempo en hacer esas pistas.

Llegué a clase frotándome los ojos, en un intento por sacudirme el sueño de encima. Además, me tocaba matemáticas a primera hora y odiaba esa asignatura con todas mis fuerzas. No entendía nada, era como si mi mente no fuera capaz de traducir los números y su relación entre ellos. Era agotador. 

Me senté con desdén en mi sitio y al meter las manos en el cajón para sacar el libro, algo inusual captó mi atención: ¡Era una nota! Un pedacito de papel cuadriculado, manuscrito y muy bien doblado. Lo abrí como quien manipula una bomba a punto de estallar y lo leí con más atención de la que nunca pondría en los problemas de mates.

«Hola, soy tu amigo invisible y esta es la primera pista: Soy muy tímido. Espero que esta chuche te anime el día».

Volví a hurgar en el cajón y encontré un regaliz rojo, de los que van enrollados en sí  mismos formando una especie de espiral deliciosa. Esbocé una sonrisa tonta y me comí el dulce antes de que llegara la profe.

Al día siguiente, volví a encontrarme con otra nota y, de nuevo, iba acompañada de un regaliz rojo. La pista decía:

«Odio las mates y mi asignatura preferida son las ciencias sociales».

¡¿Y quién no odia las mates?!, me dije confirmando lo que yo misma pensaba. 

Cada mañana me levantaba con gran entusiasmo para leer las pistas de mi amigo invisible y comerme la chuche que nunca faltaba. Los pedacitos de papel olían a regaliz rojo y ese aroma había empezado a anidar en mi cajón y en todas las libretas y libros que estaban en él. 

Un día la nota llevaba un mensaje que se contradecía con el dulce aroma del regaliz rojo:

«No tengo amigos y siempre juego solo a la hora del recreo».

Esa confesión me hizo entristecer. 

¿Cómo una persona tan detallista podía no tener amigos? 

Entonces decidí romper las normas del juego y responder a su nota. 

Le escribí que yo sería su amiga. Si me decía dónde estaba a la hora del recreo iría y jugaría con él.

Ese mismo día, después de la agotadora clase de educación física y antes del descanso, me encontré con una respuesta:

«Siempre estoy en el ático del ala norte. Allí hay muy buenas vistas del recreo».

¿Qué demonios hacía en el ático? No nos dejaban subir allí. Y, además, ¿cómo había podido responderme si estábamos en el gimnasio?

Aparté esos pensamientos de mi mente, las ganas de saber quién era fueron más fuertes que las dudas. Así que cogí el bocata, el abrigo y me dirigí al ático. 

Subí todos los peldaños casi sin respirar —cuatro pisos—, era como si tuviera miedo incluso de pensar en lo que estaba haciendo, pues muy probablemente me acobardaría y daría media vuelta si me lo planteaba dos veces. Pero seguí adelante. Así llegué al último piso, hasta toparme con una puerta de madera muy envejecida que estaba medio abierta. La empujé con temor, sabiendo que estaba incumpliendo las normas, pero a la vez con una curiosidad demasiado tentadora para dejarla pasar. ¿Quién sería mi «amigo invisible»?

El ático hacía a sus veces de almacén, con lo que estaba lleno de cajas y trastos viejos. Al fondo había unas ventanas con los cristales muy sucios, me acerqué a ellas y, efectivamente, daban al patio. Mientras estaba asomada mirando hacia abajo, una voz a mi espalda me sobresaltó.

—Gracias por venir —me dijo él con vergüenza.

De forma instintiva me giré, pero no había nadie. 

—¿Por qué te escondes?

—No sé… Es que nadie excepto tú me había hecho caso.

—No seas tonto. Quiero verte.

—¿Me prometes no salir corriendo?

—¿Por qué tendría que salir corriendo? 

Al tiempo que decía eso, una figura apareció frente a los pupitres antiguos que se apilaban en un rincón. Desde luego, no era un compañero de mi clase. Se trataba de un niño muy delgado y el color morado de sus ojeras destacaba sobre su tez grisácea. Su vestimenta me recordó a los uniformes que antaño habían llevado los alumnos de los colegios privados. Además, su perfil estaba difuminado, como si una fina niebla lo envolviese, como si no fuera tangible, real.

Solo entonces fui consciente de lo que estaba ocurriendo: mi «amigo invisible» era un espíritu y yo tenía un don.

Lídia Castro Navàs.

49 comentarios en “Aroma de regaliz

    • Oh 😊😁 Sonrojada me tienes con tan bellas palabras a mí dedicadas!!
      Mira si qué me has hecho que ahora escribo en lírica (o es la fuerza que me acompaña) jajaja
      Mil gracias, Carlos por tus palabras. Las aprecio de verdad!!
      Un besazoooo 😘😘

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      • Ay, ay Que mal acostumbrada me tienes con esas cosas que me dices!!! Mira que al final me creeré que mis letras merecen tales alabanzas!!!
        Me alegra amenizarte las tardes 😊 Un beso, Carlos!! 🌟

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  1. Comparto con mi tocayo Carlos que tienes un don, pero añado que también tienes un dron (con r).
    Porque con tu don y con tu dron escribes y a la vez sobrevuelas con originalidad, ternura y sorpresa el mundo que nos muestras a través de tus relatos, al punto de hacernos entrar en ellos como si fuéramos los protagonistas de tus historias. Y no vayas a pensar que lo digo a estas horas de la tarde, porque me he pasado con la crema de orujo, que por cierto me encanta. No. Lo digo sinceramente porque lo pienso. Y así me sale. Un abrazo.

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    • Por dios!! Cómo contestar a unos halagos como los que me dedicas?!?! Jajaja Me encanta eso de que tengo un dron!! 😂😅 Me da que el efecto de la crema de orujo aumenta tu creatividad, Carlos!!! Jajaja
      Muchas gracias por tu comentario, de verdad que recibirlo me sube la autoestima por las nubes, lo aprecio en desmesura (ya sea con orujo o sin ;))
      Un abrazo 🙂

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  2. Ya había yo imaginado de todo, comiéndome las uñas (que por cierto nunca me he comido) cuando aparece tu amigo en cuestión: ¡Ay, me rompes todos esquemas! ¿Así de peculiares son todos tus amigos? No sé, no sé … esa increíble habilidad que tienes para crear fantásticas historias … igual tiene algo que ver con el más allá y alguien te está echando una manita en el más acá (¡porque tu amiguete, encima, tendría poderes o enchufe con alguna musa) y, por cierto, los pelos se te quedarían de punta ¿no?
    Bueno, acepto la retoinvitación en cuestión, aunque no sé cuándo la voy a escribir (y a pensar primero, claro), porque ahora mismo no veo por aquí ningún amigo tan peculiar como el tuyo. Cosa que agradezco. Ya me lo curro yo solica.
    Gracias por la invitación, querida Lidia.

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    • Jajaja Si me encuentro con un espíritu algún día serás la primera en saber cómo me quedo jajaja Petrificada cuanto menos!! Solo de pensarlo ya se me ponen los vellos de punta. Que escribirlo es muy fácil pero vivirlo…
      No te sientas obligada con esta retoinvitación ni mucho menos. Tranquilaaaa jajaja Me hizo gracia y me apetecía retoinvitarte 😉
      Lo que dices de la ayuda, nunca se sabe, creo que a todos nos echan una mano desde el más allá, pero hay quien la capta y la aprovecha mejor jajaja 😉
      Un abrazo domingueroooo 😊😘😘

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  3. Estava segur d’haver llegit aquesta publicació, però no sé on tenia el cap que m’oblidí de comentar-la.
    Sols he jugat al amic invisible una vegada, a l’escola. Fou molt divertit vore el meu amic intrigat, perquè no podia endevinar que era jo, jajaja.
    Al principi em va arrivar a l’ànima el teu escrit; pensí que era el principi d’una gran amistat. Després, però, vaig sentir una cosa molt estranya, com un tremolor que m’ha recorregut tot el cos.
    Una forta abraçada, Lidia!

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    • Hola, Javi! 😊 No és pas oblogatori comentar, eh?! 😉 M’alegra que t’hagi agradat encara que no sé si alegrar-me de fer-te tremolar jajaja
      Gràcies per les teves paraules.
      Una altra abraçada forta per a tu!!

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  4. Lo que me extraña, Lidia, es que si era tu amigo invisible, se te presentara aunque fuera envuelto en un halo de niebla, lo suyo hubiera sido hablar sin dejarse ver, que el misterio hubiera durado para siempre.
    Ahora mismo estarías dudando todavía… ¿quién de tus compañeros era y donde se mantenía escondido para que no le vieras? ¿sería aquél de los ojos azules que te hacía ojitos o mas bien sería el tímido del pupitre del fondo? ¿o sería la niña cojita a la que insutaban que quería que fueras su amiga y no sabía cómo pedírtelo? ¿Ves? si no se llega a presentar, te hubiera quedado la duda para siempre.
    Estupendo relato, como siempre, con tu toque personal, gracias.
    Un abrazo y feliz Navidad.

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    • Siii, hubiera sido una posibilidad, dejarlo en el anonimato, pero quería sacarlo a luz (que estaba muy blanquito jajaja).
      Muchas gracias a ti, por tu tiempo y palabras.
      Que en esta Navidad encuentres la armonía y la paz ansiadas.
      Un abrazo bien fuerte!! 😊😘

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  5. Una monada de historia, Lidia. Aunque me has despistado, porque me imaginaba un giro… no sé… de repente estar en Hogwarts, o que salieran los críos de «El orfanato», o… No. Esta vez has sido buena con los lectores y no nos has dejado culitorcidos 😀 😉

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    • Jo, es que ya lo digo yo, que todo el mundo viene a mi blog con expectativas creadas y no siempre logro hacer lo mismo 😦
      jajaja Lo de culitorcido no lo había escuchado en mi vida!! 🙂

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      • Si quieres que te diga la verdad, no recuerdo dónde ni cuándo lo escuché por primera vez. Quizá fuera en «La hora chanante», o en «Muchachada nui», que es muy de ellos, pero no estoy seguro… 🙂

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  6. ¡Qué buenísimo historia, Lidia! Y de los comentarios, ¡ni hablar! ¡Son todos muy simpáticos!
    Acá todavía se practica ese juego, pero lo llamamos «El amigo secreto».
    ¡Que tengas unas felices fiestas de fin de año y vivas una hermosa Navidad junto a tu familia!
    Besos.

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    • Muchas gracias!!! 😊 Sí, es cierto! Tengo unos seguidores que no los merezco y es que me dedicáis siempre unos comentarios tan bonitos que me emocionáis!! 💓💓
      Igualmente, SariCarmen! Deseo que la magia de la navidad llene tus días. 🌟🌟 Disfrútalas con la agradable temperatura que tenéis allá!! 😉
      Besos enormes!! 😘😘

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  7. Pingback: Vota por el mejor relato navideño – Mis historias y otros devaneos

  8. Me ha gustado mucho este relato, Lídia, lo he disfrutado porque son los temas que me gustan, relacionados con esos seres invisibles que nos rodean y nos quieren… ¡Qué bonita historia! Cuando era niña yo también jugaba a esos amigos invisibles… me hiciste recordar, sentir, sonreír… y eso dice mucho de tus habilidades creativas y misteriosas. Te felicito. Te mando mi abrazo y deseo que pases unos días bonitos con tus seres queridos. Besos y abrazos.

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