
—Mamá, voy a pintar el escudo heráldico de la familia en la fachada.
—¡Qué gran idea, hija! Piensa que deben ser dos escudos, el de tu familia paterna y el de la materna.
—Por supuesto, ya había pensado en eso.
—Ah, y no te olvides de añadir a tus tíos del norte, son hijos del padrastro del tío Juan, aunque lleven otro apellido.
—De acuerdo, voy a necesitar algo más de espacio del previsto, pero no hay problema.
—Y ahora que estoy pensando… Tu tía abuela Lupita se quedó viuda, emigró durante la guerra y se volvió a casar. Es por eso que yo tengo familia en América.
—¿Esos son tus primos los de Argentina?
—No, me refería a los que viven en México. Pero es verdad, me olvidaba de los de Argentina, que son primos por parte de mi tía Concha, la hermana de mi padre.
—Vaya, no sé si voy a tener bastante fachada… ¡Pero lo intentaré!
Lídia Castro Navàs