Una espiral para unirlas a todas

Sentían que el poder se les escapaba de las manos. La ira se apoderó de ellos. Los tres sabios propusieron su idea:

—Crearemos una  nueva estructura. Se basará en la sumisión de las mujeres. 

—¿Y si ellas no quieren? —se atrevió a decir uno, el que llevaba una amatista en el cuello y defendía que las mujeres solo querían la igualdad, no ser superiores.

—No podrán decidir. Quedarán atadas en esa espiral invisible.

—Entonces seremos nosotros los superiores —volvió a hablar. 

Los tres sabios hicieron un gesto y se lo llevaron para silenciarlo. Luego continuaron. 

—La estructura se llamará Patriarcado.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de marzo, un microrrelato de 100 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

¡Te invito a participar!

Puedes consultar las bases aquí:

¿Te interesan los juegos de mesa que te ayuden a mejorar tu escritura? 

Te aconsejo unos cuantos. Echa un vistazo en el siguiente enlace:

Lídia Castro Navàs

Escribir Jugando. Marzo ’25

Antes de participar consulta las bases y los retos anteriores.


Marzo

  1. Crea un microrrelato o poesía (máx. 100 palabras) inspirándote en la carta.
  2. En tu creación debe aparecer el mineral: Amatista.

Carta: Earth Wisdom.

Opcional:

Que aparezca en la historia algo relacionado con esta flor de Bach: Cherry Plum.

Esencia indicada para el miedo a perder el control y hacer algo terrible. Todo lo que se reprime de uno mismo y que no se quiere que se manifieste en la vida. Para ello son personas que controlan todo al máximo. Cuando se baja la guardia, se pierde el control. El descontrol puede manifestarse a nivel nervioso: ataques de ira, gritos, tics nerviosos, represión, temblores, descontrol de esfínteres.

Los que ya me conocéis sabéis que soy terapeuta floral y me encantan las flores, pues nos ayudan a gestionar nuestras emociones (¡Y, además, son preciosas!). Así que he decidido incluirlas en algunos desafíos.


¿Te interesan los juegos de mesa que te ayuden a mejorar tu escritura? 

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El Caos

¿Sabías que antes de la existencia de las divinidades, antes incluso que la propia creación, existía algo más primitivo, más indomable? Me refiero al Caos. Pero, ¿qué es realmente el Caos? ¿Es solo desorden y confusión? Hoy, en Mitologías, exploraré uno de los conceptos más antiguos y fundamentales que ha dado forma a los mitos en todo el mundo.

¿Quieres conocer más sobre el caos primigenio? Pues ven y te lo cuento.

Más vídeos en Mitologías.

¿Te interesa la mitología?

Aquí encontrarás libros relacionados con ella que te pueden gustar.

Lídia Castro Navàs

Cita #148

Descubre quién es Angela Davis.

Si quieres leer otras citas como esta, no dejes de visitar la sección «Citas de mujeres», con este gesto quiero honrar la memoria de las mujeres invisibilizadas y olvidadas.

Lídia Castro Navàs

En la hemeroteca

Estaba en la hemeroteca consultando varios periódicos del siglo XVII. Realizaba una investigación poco interesante para un trabajo de la carrera, cuando una noticia llamó mi atención: «Se busca héroe», rezaba el titular. Resultaba que un libro encantado había dado vida a un monstruo que amenazaba con salirse de sus páginas y se buscaba un héroe capaz de detenerlo. La recompensa era un cofre lleno de oro.

Me iría bien ese dinero, ¿estaría aún vigente el llamamiento? 


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de febrero, un microrrelato de 77 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

¡Te invito a participar!

Puedes consultar las bases aquí:

¿Te interesan los juegos de mesa que te ayuden a mejorar tu escritura? 

Te aconsejo unos cuantos. Echa un vistazo en el siguiente enlace:

Lídia Castro Navàs

Espíritu de éter

Si me lees desde hace tiempo te habrás dado cuenta de esa parte indivisible de mí, que impregna todas mis creaciones: la espiritualidad. Hoy quiero mostrarte esa parte espiritual en forma de blog. Se llama Espíritu de éter y en él comparto contenido más espiritual que por aquí (es verdad que algunos de los contenidos son comunes, como algunos relatos de fantasía espiritual y vídeos sobre mitología, pero aquí soy más historiadora y allí soy espíritu inquieto en evolución).

En Espíritu de éter encontrarás artículos de temática espiritual, mucha sabiduría ancestral y otras cosas que puede que llamen tu atención. En realidad es un espacio que creé hace cinco años (con la pandemia), pero que ahora le he dado una nueva imagen y una nueva vibración.

Si te atraen la espiritualidad, la reencarnación, el chamanismo, Atlántida y Lemuria, las Llamas gemelas, el despertar de la conciencia, la meditación, técnicas de sanación… Te gustará Espíritu de éter.

Tanto si te unes en esta aventura, como si no, te doy la bienvenida y te deseo un feliz día.

Gracias por estar y leer ❤

Lídia Castro Navàs.

Escribir Jugando. Febrero ’25

Antes de participar consulta las bases y los retos anteriores.


Febrero

  1. Crea un microrrelato o poesía (máx. 100 palabras) inspirándote en la carta.
  2. En tu creación debe aparecer el dado: cofre.

Carta: Dixit. Dado: Story cubes.

Opcional:

Que aparezca en la historia algo relacionado con la invención del periódico (Relation) en 1605.

Carta: Timeline.


¿Te interesan los juegos de mesa que te ayuden a mejorar tu escritura? 

Te aconsejo unos cuantos. Echa un vistazo en el siguiente enlace:

Bajo el sol de Luxor

Me desperté con la llamada a la oración. El sabah se había convertido en mi despertador personal. Aunque ininteligible para una occidental como yo, el murmullo de la pregaria resultaba mucho más agradable y exótico que el pitido insulso de cualquier despertador a pilas. 

Desde mi llegada a Luxor, hacía ya un mes y medio, aún no me había acostumbrado a las diferencias culturales, bien patentes en el día a día y en la forma de hacer de los egipcios, tan cercanos y a la vez tan enigmáticos. 

***

El día empezaba cargado de energía y la influencia de Ra —dios solar— sobre el Valle de las Reinas se hacía casi insoportable ya desde primera hora de la mañana. Finales de octubre en Egipto no se parecía en nada al otoño que yo recordaba de mi tierra natal: ni rastro por el suelo de las hojas secas y marrones que los árboles habían despojado de sus cuerpos; tampoco esos melancólicos días grises y lluviosos —la verdad es que no me gusta la lluvia, pero cuando hace tiempo que no la ves, la echas de menos—. Y sin todo lo anterior, no hay ninguna gana de disfrutar de un chocolate caliente o de una buena lectura debajo de una manta. 

Siempre el mismo calor seco y sofocante. Había tardado en acostumbrarme a respirar en ese ambiente, aunque ahora mi respiración fuera más superficial y mis fosas nasales necesitaran de frecuentes lavados para eliminar el polvo. 

Me encontraba dentro de la tienda de telas amarillentas, que ondeaban al ritmo de una brisa perpetua, que incansable soplaba en el desierto día tras día —de ahí mis fosas nasales resecas—. El sombrero salacot, regalo de mis amigos antes de partir en la expedición, reposaba encima de algunos planos y mapas desordenados, a modo de pisapapeles improvisado. Con todo, lo había usado para resguardarme del sol y evitar así las quemaduras en mi delicado y blanco rostro. Con él puesto, me sentía como una verdadera exploradora en busca de aventuras. Me hacía sentir una auténtica arqueóloga, mucho más que ese diploma que colgaba en la pared de mi casa y que tanto me había costado conseguir. 

No podía evitar que se me dibujara una sonrisa al pensar en esa sensación que no me había abandonado desde que me encontraba en tierras africanas. Y es que toda mi vida había girado en torno a mi pasión por la egiptología y, después de los años de estudio e investigación, por fin podía ver mi sueño realizado: formar parte de una auténtico equipo de arqueología.

Los avances en las excavaciones eran esperanzadores, aunque aún no habíamos dado con lo que andábamos buscando: la tumba de la reina Nefertiti, madrastra de Tutankhamon y esposa de Amenofis IV, el faraón que convirtió la religión egipcia en monoteísta, con Atón como único dios. Incluso se hizo cambiar el nombre por Akhenaton (amado de Atón).

Después de la metedura de pata de un colega británico tras afirmar erróneamente que había encontrado su momia, teníamos la obligación, casi moral, de andar con pies de plomo, pues no queríamos ganarnos la enemistad del Ministro de antigüedades de Egipto, el célebre y distinguido egiptólogo Zahi Hawass. 

***

Habíamos hecho un descanso para comer algo rápido, ligero. Abusi estaba preparando el té en esa tetera oscurecida por las llamas del fogón portátil cuando recordé que, al principio de llegar, me costaba entender por qué los egipcios preferían más el té negro que un refresco bajo ese sol de justicia. Ahora era yo la que no podía esperar el momento para tomármelo. Theo estaba a mi lado, era mi compañero de fatigas, de origen griego y con quien estaba forjando una entrañable amistad. 

Abusi se acercó con la tetera y nos llenó los vasos. Fue justo con el primer sorbo, amargo y  muy caliente, cuando escuchamos el grito, precedido de un derrumbe de piedras y una espiral de polvo que se alzó marcando el lugar como si fuera una fogata. Theo y yo corrimos hacia allí sin pensarlo dos veces. 

Madu, uno de los geólogos nativos, estaba haciendo la prospección del terreno que íbamos a empezar a excavar, pero la tierra lo tragó sin poder hacer nada por evitarlo. Lo primero que hicimos fue socorrerlo, quitar el máximo de escombro posible para que pudiera salir de allí donde la tierra se había hundido, pero cuál fue nuestra sorpresa al ver que no se trataba de una cavidad natural del subsuelo, sino una entrada tallada en la roca.

Por accidente, como todo (o casi todo) en la historia de la humanidad, había encontrado una nueva cámara funeraria. La expectación era máxima, pues creíamos haber dado finalmente con la tumba de Nefertiti. Aunque lo que encontramos fue algo mucho más inquietante. Era una cámara funeraria, sí, pero…

Al acceder a la celda, el polvo suspendido en el ambiente y la insuficiente luz no nos permitía ver bien lo que teníamos ante nuestros ojos. La linterna de Theo fue la primera en encenderse y a continuación el haz de luz de la mía se le unió. Las paredes estaban totalmente cubiertas con escrituras jeroglíficas y dibujos policromados. En el centro de la pequeña estancia reposaba el sarcófago de piedra más grande que había visto nunca, como si en vez de uno albergara dos difuntos, uno al lado del otro —¿Un matrimonio? No era para nada habitual, lo normal era enterrarse por separado, por eso existían el Valle de los Reyes y de las Reinas; estaban cerca, pero no revueltos— ; la tapa estaba ligeramente corrida y el interior, vacío. Era algo usual encontrar tumbas saqueadas, pero en esta lo único que faltaba eran las momias de los difuntos, pues el ajuar completo, con objetos cotidianos y múltiples joyas, aguardaba en un rincón cubierto por una capa blanquecina. 

Me dirigí a la pared donde aparecía, dentro de una cápsula, el nombre de uno de los difuntos: Yasu. Otra cápsula al lado rezaba: Marya. No los conocía; al menos, no pertenecían a la línea sucesoria de ningún faraón de la dinastía XVIII —la de Nefertiti—. Una imagen suya estaba tallada en bajorrelieve justo al lado del texto que aún no había podido descifrar. Estaban representados a la manera egipcia, aunque sus rasgos eran cauásicos. Él tenía la piel clara, el pelo liso que le llegaba a los hombros y una barba fina. Vestía una sencilla túnica blanca y unas sandalias… Al observar su calzado mi mente se detuvo de inmediato. ¿Podrían ser esas sandalias de estilo romano?

Levanté la mirada de nuevo al rostro de ese hombre. Alrededor de su cabeza había una aureola, que a primera vista había asociado con el dios Ra, pero no era un disco solar sobre su cabeza, más bien sobresalía por detrás. En su mano derecha sostenía una copa, que bien podía ser un cáliz, y parecía entregársela a la mujer. Un momento. Leí de nuevo el nombre; Yasu era una variación de Jesús en copto y Marya era María. Estaba atónita. ¿Podía ser? ¿Podía estar delante del mismísimo Jesús de Natzaret y de María Magdalena? Y si lo eran… ¿Qué significaba esta tumba dedicada a ellos? Sin cuerpos, con un ajuar lleno de objetos… 

Miré a Theo, que estaba haciendo el recuento del ajuar. Cuando nuestras miradas se cruzaron le señalé el cáliz de la pared y él con cara de asombro levantó uno, de las mismas características. 

***

Al día siguiente encontramos el campamento de la expedición desmantelado. Las tiendas recogidas y todos los documentos, diarios de la excavación y planos de las estratificaciones no estaban; incluso no había ni rastro de mi salacot, tampoco de las cajas con los diferentes fragmentos por registrar ni de los objetos que habíamos recuperado del ajuar. De hecho, la entrada a la nueva cámara había desaparecido, rellenada con arena del desierto, como si nunca hubiera estado ahí. 

Unos agentes del gobierno egipcio nos entregaron una carta en la que ponía que nuestro permiso de excavación había finalizado, junto con nuestro visado. Nos instaban a abandonar el país en el menor tiempo posible. 

Antes de la rúbrica del Ministro de antigüedades, había unas palabras en las que lamentaban que nuestras investigaciones no hubieran sido fructíferas, pero nos agradecían el interés, la dedicación y el trabajo realizado en pos del patrimonio del antiguo Egipto. 

Lídia Castro Navàs

Tara Blanca

¿Sabías que en el budismo existen budas femeninos? En realidad son aspectos del buda de la Compasión o Avalokitesvara, llamados Taras. Hay un total de 21 Taras, cada una de un color distinto y la más importante es la Tara verde, de quien ya te hablé hace un tiempo (te dejaré el link del vídeo en la descripción). Hoy te voy a hablar de la segunda más importante, la tara blanca.

¿Quieres saber más de ella? Pues ven y te lo cuento.

Más vídeos en Mitologías.

¿Te interesa la mitología?

Aquí encontrarás libros relacionados con ella que te pueden gustar.

Lídia Castro Navàs

Cita #147

Descubre quién fue Susana Chávez.

Si quieres leer otras citas como esta, no dejes de visitar la sección «Citas de mujeres», con este gesto quiero honrar la memoria de las mujeres invisibilizadas y olvidadas.

Lídia Castro Navàs