¿Apego o pasión?

Vuelvo a estar enfrascado en mi estudio. Me paso las horas muertas buscando la isla Amatista en este mapa que me costó una fortuna conseguir, pero que me aseguraron que estaba hecho por el mejor geógrafo del momento. Entonces, un golpe secó suena en la puerta de mis aposentos.

—¡Papá, llegaremos tarde a la fiesta de Halloween! Mamá ya ha sacado el coche del garaje. ¡Date prisa!

Mis antigüedades son más importantes para mí que cualquier fiesta mundana. Lo llaman apego; yo lo llamo pasión. 


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de noviembre, un microrrelato de 85 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Puedes consultar las bases aquí:

¿Te interesan los juegos de mesa que te ayuden a mejorar tu escritura? 

Te aconsejo unos cuantos. Echa un vistazo en el siguiente enlace:

Lídia Castro Navàs

Juego de dioses

Me encontraba en el tejado cuando vi caer una estrella sobre nuestro pueblo. Pedí un deseo: conocer los mayores secretos del Universo. Y esa misma noche se me concedió. Pude ver cómo los dioses, que no eran más que niños, jugaban con nosotros a su antojo y provocaban tormentas, incendios e inundaciones. Cuando se cansaron de eso, decidieron entregar la pólvora a los humanos. Ahí, la historia cambió radicalmente. Las guerras asolaron la Tierra y los dioses perdieron el poder sobre la humanidad para siempre.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de octubre, un microrrelato de 85 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Juicio final

De repente apareció una figura en mi habitación. Portaba una balanza en una mano y en la otra una espada. De no ser por las grandes alas que asomaban por su espalda, hubiera dicho que era una mujer cualquiera, pero era Maat, diosa egipcia de la justicia. Dejó su balanza ante mí; en uno de los platos había una howlita. Recordaba de mis libros de mitología que se pesaba el corazón con una pluma. El otro platito estaba vacío. 

—Ha llegado tu juicio. 

Entonces entendí la función de la espada que sostenía. Me estremecí, pero no hice nada para evitarlo. 


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de septiembre, un microrrelato de 100 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Cerebro enlatado

El calor de julio empezaba a ser intenso y sentía mi cerebro enlatado, igual que lo único que había en mi despensa: una lata de sopa de tomate. 

Llevaba meses sin salir de casa con la intención de componer algo. Por desgracia, las musas me habían abandonado, solo me habían visitado unas hadas que me narraban el argumento de un cuento. ¡Pero yo no quería escribir un cuento! Quería componer la mayor melodía para violín de la historia.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de julio, un microrrelato de 78 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Esa noche

Aún recuerdo esa noche en que me rompió el collar. Mil fragmentos de malaquita quedaron esparcidos por el suelo, junto con mi dignidad. No sabía cómo había llegado a aceptar mi sumisión. Pero esa noche vi la luz; mientras estaba semiinconsciente, se me apareció un ciervo. De sus cuernos brotaban hojas y en su mirada vi la fuerza que me insufló coraje. Esa noche me fui. Empecé de nuevo, con la confianza de que todo iría bien. Hoy, diez años después, no puedo ser más afortunada. Todavía agradezco que ese ciervo intercediera en mi vida.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de junio, un microrrelato de 95 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

¿Mérito?

Giuseppe no salía de su laboratorio desde sus años de estudiante en la universidad. Día y noche investigando le habían costado la juventud y la posibilidad de formar una familia. Pero lo único que él deseaba era constar en los anales de historia, siendo el inventor de algo importante para la humanidad a nivel mundial. Lo que jamás pensó era que ese día llegaría solo por ver caer una piedra del cielo. Había sido una casualidad que esa noche se quedara en vela esperando unas reacciones químicas y viera el destello en el cielo. ¿Qué mérito tenía eso?


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de mayo, un microrrelato de 95 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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El sueño de Rufus

Rufus era un potro de granja. De bien pequeño le enseñaron a llevar arneses y a tirar de aperos más pesados que su propio cuerpo. El pelaje blanco, con el que vino al mundo, pronto se tornó marrón por el polvo, y el brillo de sus ojos solo se encendía cuando el cielo adquiría la tonalidad del lapislázuli y veía a las luciérnagas pulular por la ciénaga. Entonces se imaginaba que lucía un precioso cuerno postizo y, en vez de alforjas, unas mantas bordadas cubrían su lomo. Su sueño era ser artista, pero no sabía cómo alcanzarlo.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de abril, un microrrelato de 97 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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La batalla de Harzhorn

Colina de Harzhorn (baja Sajonia, Alemania). Año 235 antes de la llegada de nuestro Señor Jesucristo. Las legiones romanas se iban expandiendo por la zona a gran velocidad, pero lo que no sabían es que encontrarían el paso sellado por las tropas germanas. Fue ahí cuando los romanos desplegaron su armamento más pesado: las catapultas, que lanzaban bolas de fuego y…

Joseph era un historiador en paro que perdía su tiempo bebiendo mientras recreaba en su mente las grandes batallas de la historia.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de marzo, un microrrelato de 82 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Teorías conspiratorias

Era una persona apasionada por el arte y la historia. Su mente inquieta le planteaba siempre la misma duda sobre la construcción de las grandes obras arquitectónicas de la historia: ¿Habían participado seres extraterrestres en ellas? Tal y como atestiguaban algunas de las teorías conspiratorias. ¿O quizás eran gigantes? Ella no tenía forma de descubrir la verdad y le aterraba la sola idea de que seres de ese tipo habitasen cerca. Prefería seguir pensando que la tecnología humana había avanzado lo suficiente como para permitir tales obras. 


Esta es mi propuesta para Escribir jugando de febrero, un microrrelato de 87 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Bálsamo de esperanza

Ese invierno se presentó cruel y despiadado. En la aldea escaseaban los materiales, como la madera y las piedras, imprescindibles para reconstruir las cabañas derruidas en el último ataque de los enemigos. Cuando ya no creían que nada pudiera salvarlos, apareció la maga de la lechuza. Ella trajo un nuevo material de construcción: el ladrillo. Significó no solo la supervivencia de los aldeanos, sino que fue un bálsamo de esperanza para todos.


Esta es mi propuesta para Escribir jugando de enero, un microrrelato de 72 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs