
“¡Manifestación, manifestación…! ¡Uníos chicas!” —gritaba alertando a las allí congregadas.
—¿Por qué grita así? —le pregunta otra a una amiga.
—Se siente indignada, como todas… Aunque ella se atreve a gritarlo a los cuatro vientos.
—Bueno, pensándolo bien yo también estoy cansada de ser menospreciada por la sociedad.
—Es que todos los días siendo pisoteadas y con tantas desigualdades respecto a otros, no es para menos.
—Lo que no sabía es que tuviéramos derecho a manifestarnos.
—En realidad las piedras no tenemos derechos, pero las mujeres los tienen y mira de qué les sirven: Cobran menos, trabajan más, no ocupan altos cargos y se las sexualiza.
—Es verdad, a algunas incluso las violan, les extirpan el clítoris o las matan. ¡Pues oye, no se está tan mal aquí en el claustro!
Lídia Castro Navàs