Asustar o reír; esa es la cuestión

Ser el fantasma de una mansión es cada vez más exigente. Al principio, el trabajo me gustaba, era fácil y divertido asustar a esas gentes desprevenidas. Pero la industria ha cambiado mucho. La última petición fue aparecer lavándome los dientes; con el cepillo de dientes en una mano y la pasta en la otra salí a hacer mi “numerito”. Me siento como un bufón, cuyo único cometido es hacer reír a costa de perder su dignidad. He dejado de dar miedo, la gente prefiere reír, pero yo no estoy seguro de que esto sea para mí. 


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Lídia Castro Navàs

12 comentarios en “Asustar o reír; esa es la cuestión

  1. Parece que que para los fantasmas también resulta difícil trabajar en algo que les gusta. Podría decir nuestra fantasma que «¡lo que hay que hacer para seguir siendo espíritu!» Me ha gustado mucho tu relato y me ha hecho pensar que cuánto nos cuesta estar contentos, incluso en otro nivel.

    Un saludo.

  2. Triste destino acabar de bufón, cuando tu vocación es dar miedo. Yo que ese fantasma me salía del sistema opresor mercantilista jejeje. Muy bueno Lidia, y nos hace reflexionar sobre cómo moldean nuestra personalidad presiones externas. Abrazo fuerte.

  3. Lo que hay que hacer para reinventarse. Quizá es un fantasma 2.0. Un fantasma algo desconcertado al que parecen empujar a la bipolaridad.

    Dile que pruebe a mostrarles una caries espantosa en una gran sonrisa… igual así se les hiela la sangre, ja ja.

    Una abraçada.

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