Aprender a poner límites

Por mucha luz que una tenga, acabará por apagarse del estrés. Hay que aprender a poner límites, a decir que no, a anteponerse; es la asignatura pendiente hoy en día. Y todo porque nos han educado creyendo que es de ser mala persona no ayudar a los que quieres. Pero llega un momento en que una se siente como esos enanitos mineros, picando piedra todo el día. Está bien alumbrar a los demás desde la libertad, pero también está bien, de vez en cuando, que nos iluminen a nosotras como si de un cinematógrafo se tratara.


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Lídia Castro Navàs

14 comentarios en “Aprender a poner límites

  1. Ostras, Lídia… qué micro te ha salido, extraordinario, buenísimo. No podría estar más de acuerdo. Es muy reflexivo. Sí, sin duda, el aprender a poner límites, a decir no (por ejemplo) o a estar emocionalmente disponible o no. Lo que podríamos definir como el autocuidado, que es esencial. Porque todo esto puede desgastar, por eso entiendo perfectamente y me ha hecho gracia la frase «una se siente como esos enanitos mineros, picando piedra todo el día». En mis propias palabras, muchas veces me digo «uno siente que está dando repetidamente cabezazos contra una pared».

    Porque… a ver, ahora voy a decir dos cosas que seguramente sonarán muy mal, ja ja ja. O que se pueden malinterpretar con una facilidad tremenda. Allá van. Uno, que los años y la vida me han enseñado que a la gente no se la puede cambiar. No se trata de cambiarles para que sean de tu absoluto agrado, a tu antojo y conveniencia, o para eliminar las cosas que no te agradan de esas personas. No es eso, aunque sí es verdad que a la gente la podemos cambiar un poquito, o influir en ellas o hacerlas reflexionar… pero hacerlas cambiar radicalmente es casi imposible o extraordinariamente raro. En el fondo la gran maestra siempre es la vida, la que nos puede hacer cambiar y reflexionar. Pero sí que es verdad que esta sensación la he sentido muchas veces, lo cual puede venir acompañado de impotencia, frustración, decepción, enfados… hay que ser sinceros y reconocer que es así. El antídoto siempre es la propia reflexión y la aceptación, aceptar que todos y todas somos diferentes. Muchas veces nos molestan o desagradan cosas de los demás porque nos recuerdan a nosotros mismos, nos vemos consciente o inconscientemente reflejados. Y repito, no se trata de hacer cambiar a los demás para que sean exactamente igual que nosotros.

    Por eso y como reflexión propia, siempre acabo concluyendo que cada cual sigue su propio camino y su propia evolución, con sus emociones, su personalidad, sus ambiciones, etc. Y la segunda cosa, relacionado con todo lo anterior, es que la gente suele ser increíblemente terca y también egocéntrica, muy egocéntrica. Ejemplos hay infinitos, como el sentir a la más mínima que nos han ofendido o han herido nuestro orgullo, nuestra imagen (solemne tontería, a mi entender). Pero bueno, esto de la «terquedad» lo digo sin querer tener una visión negativa de las personas… como digo hay que aceptar a los demás tal y como son… y después establecer cierta independencia, incluso con los más cercanos (hermanos/as, padres… por extraño que pueda parecer… pareja, amigos/as).

    Cuanto más te aceptes a ti mism@, más aceptarás a los demás… y menos batallas tendrás que librar en ese sentido. Cuanto más en paz estés contig@ mism@, más en paz estarás con el mundo.

    Molt bon micro, Lídia… i estic segur de que ho has escrit producte de vivències pròpies. Una abraçada.

    Va, una propina musical…

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  2. Hola Lidia,

    Parece mentira que un relato tan breve diga tantas cosas (y tan ciertas), sólo comentarlo bien y detalladamente haría del comentario un artículo de los largos.

    Pero si te diré que, efectivamente, hay que parar en un momento determinado que exigiéndote un poco más cada vez puedes acabar vaciándote y, lo que es peor, que los demás no esperen de tí ayuda, sino soluciones y que preterndan convertirte en la cabeza de turco de sus fracasos.

    ¡Ah! y perdona los elementos del reto están muy bien conseguidos, perocon lo que dices es lo de menos. Me ha gustado mucho leerlo.

    Un saludo

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  3. Hola Lídia:

    100% de acuerdo: si uno está enfermo, ya no es sólo que no pueda tener una vida normal, es que sólo dará preocupaciones y desvelos a quienes tenga alrededor.

    Me ha parecido un relato para añadir a marcadores y leer de vez en cuando: a veces es necesario que nos lo recuerden.

    Un abrazo.

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  4. Hola Lidia, además de integrar de muy buena forma los elementos del reto, hay un gran mensaje, muy necesario en estos tiempos, en tu micro. Necesario darnos nuestro espacio personal, entender que no siempre podremos estar para los demás, al menos que no piensen que es una obligación de nuestra parte. Muy bueno. Saludos.

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  5. Pingback: EJ: Aportaciones de diciembre ’25 | El Blog de Lídia

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