Muy al este

Mientras caminaba por ese cementerio, una libélula azulada me sobrevoló a gran velocidad. Casi tuve que agacharme para no chocarme con ella. Sonreí. No me podía creer la calma que sentía, después de unos meses de auténtica locura. Pero allí estaba, en Koyasan, Japón. Nunca me había atrevido a dar el paso, pero después de expresar lo que sentía por fin, lo dejé todo y empecé con mi nueva vida. Y ya sabes lo que dicen: después de la tormenta, llega la calma. Y ya me tocaba estar en calma. ¡Aunque fuera más al este de lo esperado!


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de septiembre un microrrelato de 98 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

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