
Mientras caminaba por ese cementerio, una libélula azulada me sobrevoló a gran velocidad. Casi tuve que agacharme para no chocarme con ella. Sonreí. No me podía creer la calma que sentía, después de unos meses de auténtica locura. Pero allí estaba, en Koyasan, Japón. Nunca me había atrevido a dar el paso, pero después de expresar lo que sentía por fin, lo dejé todo y empecé con mi nueva vida. Y ya sabes lo que dicen: después de la tormenta, llega la calma. Y ya me tocaba estar en calma. ¡Aunque fuera más al este de lo esperado!
Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de septiembre un microrrelato de 98 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.
¡Te invito a participar!
Puedes consultar las bases aquí:
¿Te interesan los juegos de mesa que te ayuden a mejorar tu escritura?
Te aconsejo unos cuantos. Echa un vistazo en el siguiente enlace:
Lídia Castro Navàs


Los Caballitos del diablos con sus brillantes colores siempre me han fascinado, me ha encantado tu trabajo. Gracias
Hola, Manuel: qué curioso, nunca había oído esa forma de llamar a las libélulas. ¿De dónde sale? Me alegra que te haya gustado el relato, a mí también me fascinan las libélulas. Un abrazo.
no lo se, lo puedo mirar pero se que en Mexico también les llaman así, en mi pueblo les denominan de esa manera. un abrazo
Hola, Lidia, muy bonita y evocadora historia, aunque, me queda la duda de ¿dónde quedó la runa Isa? Jejeje. Saludos.
Hola, Ana. La runa está presente en la calma, que es lo que favorece esta runa: calma y pausa.
Gracias. Un abrazo.
Ahhh, ya entiendo. Siempre pensé que el elemento del dado tenía que nombrarse de algún modo. Gracias por la aclaración. Abrazos.
Hola Lidia,
La verdad es que el relato trasmite calma, incluso uno llega a pensar que se ha escrito para invitar a una lectura pausada. Los viajes ayudan a materializar los cambios.
Un saludo
Hola, Lufe. Muchas gracias por compartir tus sensaciones. Es así, la calma era una protagonista más y estoy de acuerdo en que los viajes pueden resultar muy transformadores. Un abrazo.
Hola Lídia,
Esa calma que muchas veces nos parece difícil encontrar… y con la que, en ocasiones, nos topamos sin haberlo pretendido, como si se tratara de un regalo inesperado, ¡y que vale la pena!
Me ha gustado muchísimo tu forma de narrar la situación que afecta al personaje protagonista.
Gracias por compartirlo.
Un abrazo.
Daniel A.M.
Muchas gracias por tus palabras, Daniel. Me alegra que te haya gustado. Y sí, tienes toda la razón, la calma aparece muchas veces como un regalo. ¡Bendito regalo! Un abrazo.