
Era una persona sensible, el loto que llevaba tatuado simbolizaba su sentido de la espiritualidad, y las ramas verdes, que empezaban en su brazo izquierdo y le cruzaban la espalda, le recordaban la evolución de su alma imperecedera. Había conseguido la libertad, pero no le fue fácil; después de recorrer el mundo en busca del sentido de la vida, encontró el camino que la llevaría a la verdad definitiva. Se había equivocado en su intensa búsqueda a lo largo de los siglos, todo lo que necesitaba estaba dentro de sí misma; su Ser tenía todas las respuestas.
Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de enero, un microrrelato de 96 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.
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Lídia Castro Navàs

















