
Ante mis ojos se alzaba un frondoso bosque donde nadie se atrevía a entrar por la presencia de una magia ancestral. Soplaba una leve brisa que hacía que el follaje susurrara mensajes enigmáticos que no alcanzaba a comprender. Y, aunque temerosa, me adentré en ese insólito paraje, pues allí residía la Señora de los árboles, la única capaz de curar mi enfermedad: mis raíces se habían convertido en piernas.
Lídia Castro Navàs
Esta es mi participación en el Reto 5 líneas del blog de Adella Brac.