
Ser el fantasma de una mansión es cada vez más exigente. Al principio, el trabajo me gustaba, era fácil y divertido asustar a esas gentes desprevenidas. Pero la industria ha cambiado mucho. La última petición fue aparecer lavándome los dientes; con el cepillo de dientes en una mano y la pasta en la otra salí a hacer mi “numerito”. Me siento como un bufón, cuyo único cometido es hacer reír a costa de perder su dignidad. He dejado de dar miedo, la gente prefiere reír, pero yo no estoy seguro de que esto sea para mí.
Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de octubre, un microrrelato de 98 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.
¡Te invito a participar!
Puedes consultar las bases aquí:
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Lídia Castro Navàs















