
En la asamblea se armó revuelo:
— ¿No deberían los hombres estar más conectados con la naturaleza? —sugirió alguien.
— ¡Y con sus emociones! —añadieron.
— ¡Que dejen de dañar a otras personas! ¡Y a los animales también!
— ¡Eso, que suelten ya las armas de esa virilidad tóxica!
— ¡Y que usen su fuerza para construir, no para destruir!
Alguien intentó apaciguar el ambiente:
— Calma. Una nueva masculinidad es posible en el futuro; pero centrémonos en el presente, el primer paso es que frieguen los platos sin que se lo diga nadie.
Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de febrero, un microrrelato de 88 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.
¡Te invito a participar!
Puedes consultar las bases aquí:
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Lídia Castro Navàs















