Júpiter retrógrado

Las palabras no fluían cuando me ponía a escribir. Me sentía con las manos atadas. Mi astróloga de confianza me explicó que Júpiter estaba retrógrado sobre mi luna natal y eso afectaba a mi imaginación. Pero sus palabras no me ayudaron con el bloqueo. Entonces, mi editora me aconsejó que no escribiera con tanto cuidado, revisando cada línea para que quedara limpia de errores. “Escribe en bruto, desde la emoción, no analices ni rectifiques nada”. Desde ese día el bloqueo desapareció.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de marzo, un microrrelato de 81 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

¡Te invito a participar!

Puedes consultar las bases aquí:

¿Te interesan los juegos de mesa que te ayuden a mejorar tu escritura? 

Te aconsejo unos cuantos. Echa un vistazo en el siguiente enlace:

Lídia Castro Navàs

Revuelo en la asamblea

En la asamblea se armó revuelo:

— ¿No deberían los hombres estar más conectados con la naturaleza? —sugirió alguien. 

— ¡Y con sus emociones! —añadieron.

— ¡Que dejen de dañar a otras personas! ¡Y a los animales también! 

— ¡Eso, que suelten ya las armas de esa virilidad tóxica! 

— ¡Y que usen su fuerza para construir, no para destruir!

Alguien intentó apaciguar el ambiente:

— Calma. Una nueva masculinidad es posible en el futuro; pero centrémonos en el presente, el primer paso es que frieguen los platos sin que se lo diga nadie.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de febrero, un microrrelato de 88 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Finalmente

Cuando traspasó el umbral de su nuevo hogar sintió la calma y la seguridad. Llevaba consigo una figurilla de cuarzo rosa para decorar el salón. Se sentía agradecida y a la vez temerosa. Había vivido de alquiler, hasta que la echaron para hacer pisos turísticos; había pagado precios abusivos por una habitación en un piso compartido, sin intimidad… Finalmente había conseguido su espacio a cambio de todos sus ahorros y una hipoteca de 30 años.

Y es que, sea como sea, la vivienda en España es un león feroz que acecha en la oscuridad de la selva urbana.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de enero, un microrrelato de 98 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Aprender a poner límites

Por mucha luz que una tenga, acabará por apagarse del estrés. Hay que aprender a poner límites, a decir que no, a anteponerse; es la asignatura pendiente hoy en día. Y todo porque nos han educado creyendo que es de ser mala persona no ayudar a los que quieres. Pero llega un momento en que una se siente como esos enanitos mineros, picando piedra todo el día. Está bien alumbrar a los demás desde la libertad, pero también está bien, de vez en cuando, que nos iluminen a nosotras como si de un cinematógrafo se tratara.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de diciembre, un microrrelato de 96 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

La llave

Eileen* volvía a encontrarse en ese laberinto de piedra seca, donde la vegetación crecía sin orden. Caminó con decisión, dispuesta a dar con la llave que abriría esa puerta circular. Estaba segura de que tras ella hallaría la respuesta a todas sus preguntas. Pero, en realidad, la chica no estaba en un laberinto real, sino en uno emocional; y esa llave que ansiaba tener no era más que la fórmula para gestionar todo lo que sentía. No tardaría en dar con la fórmula, mientras tanto, su mente recreaba ese espacio inventado para ayudarla.

*Microrrelato inspirado en la protagonista de mi novela Melodía ancestral.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de noviembre, un microrrelato de 93 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Asustar o reír; esa es la cuestión

Ser el fantasma de una mansión es cada vez más exigente. Al principio, el trabajo me gustaba, era fácil y divertido asustar a esas gentes desprevenidas. Pero la industria ha cambiado mucho. La última petición fue aparecer lavándome los dientes; con el cepillo de dientes en una mano y la pasta en la otra salí a hacer mi “numerito”. Me siento como un bufón, cuyo único cometido es hacer reír a costa de perder su dignidad. He dejado de dar miedo, la gente prefiere reír, pero yo no estoy seguro de que esto sea para mí. 


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de octubre, un microrrelato de 98 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

El legado del rey del océano

“Tú, hija, heredarás la Tierra”. Esas fueron las últimas palabras de mi padre antes de morir. El rey del océano repartió su legado entre sus tres hijos: al primogénito le otorgó el gobierno del mar; al mediano, el control del arrecife de coral y a mí, la hija pequeña y rebelde, la supervisión de la isla. Siempre le decía que para proteger el mar, debíamos empezar en la superficie. Él no me daba importancia, decía que no éramos bien recibidos allí arriba, pero ahora tendría la oportunidad de cambiarlo. Parecía que mi padre me había prestado atención después de todo.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de septiembre, un microrrelato de 100 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Transformación nocturna

Era una noche sin luna cuando la joven se sintió atraída por la charca que había cerca de su casa. Una punzada en el hombro izquierdo, justo donde se tatuó el trisquel, la despertó de un sueño inquieto; la calcedonia, que siempre tenía bajo su almohada, se había roto. Al llegar al agua se metió hasta la cintura sin pensarlo. El croar de una rana fue lo único que escuchó antes de ver que sus piernas quedaban rígidas, también sus brazos y finalmente toda ella acabó convertida en un árbol del que caían unas hermosas jacarandas.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de julio, un microrrelato de 96 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Mi segunda casa

La luna era mi segunda casa. Cuando algo me atenazaba el corazón la miraba y me trasladaba hasta ella, muy lejos de la Tierra. Esa noche, la luna brillaba como el bronce bruñido y mis ancestros acunaron mi sueño, incluso sentí cómo uno de ellos me acarició el cabello, transmitiéndome la seguridad y la calma que necesitaba para afrontar mis desafíos del día siguiente.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de junio, un microrrelato de 64 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Mi momento de brillar

Imagen generada por IA

La oscuridad era total en ese espacio reducido.

Se había ido la luz en muchos sitios. Respiré hondo y deseé que pensaran en mí.

—Las velas no durarán mucho. ¿Hay una linterna? —preguntó alguien ahí afuera. 

—Espera… 

Entonces me sacaron del cajón. El precinto de mis pilas seguía intacto. Cuando me las colocaron, se hizo la luz. Llevaba allí desde diciembre, pero creyeron que unas luces de Navidad a pilas habían sido una mala compra; me sustituyeron por un tubo de led con enchufe. Nunca pensé que mi momento de brillar llegaría un 28 de abril.

Lídia Castro Navàs

PS. Microrrelato creado como recuerdo (ficticio) del apagón eléctrico vivido en España el pasado 28 de abril de 2025.