
Salía de noche, acompañada de un farol con el que atraía a bellas polillas. Iba delicadamente vestida de seda y caminaba de forma grácil; la melena, larga y brillante, apenas se le movía al andar. Pero su apariencia inocente y juvenil escondía su verdadero propósito: recoger el alma de la siguiente persona de su lista. Lo único que la delataba eran sus manos esqueléticas, que guardaba entre los anchos pliegues de su kimono y solo mostraba al final. Así era la muerte que me visitó.
Otra de mis tríadas: Ilustración + microrrelato + música. Recomiendo disfrutar todo a la vez. Espero que te guste.
Lídia Castro Navàs
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