
El hatillo estaba tirado en el suelo del callejón donde me alojaba. Lo que más echaba de menos era beber leche todas las mañanas, directamente del brick. Sé que ella odiaba que hiciera eso. ¡Lo que daría por hacerla enfadar de nuevo, por rodearla entre mis brazos y susurrarle lo mucho que la quería! Pero ya no podía volver atrás; no con mi máquina del tiempo estropeada. Las manillas del reloj se habían roto y allí jamás encontraría el material adecuado. Había fracasado en mi intento por impedir su muerte; había desaprovechado el único salto temporal que me quedaba.
Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de junio, un microrrelato de 99 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.
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Lídia Castro Navàs











