Pensamientos líquidos

La espera desgastada,

el tiempo paralizado, detenido en un suspiro,

interrumpido, cortado,

que no se llega a liberar.

La tensión mortecina de un agarre que no aprieta,

olvidado en el óxido del tiempo.

Atrapado en pensamientos líquidos

que no se materializan

y que esconden el suspiro no nato

de un alma errante,

perdida entre objetos cotidianos.

Lídia Castro Navàs.

No me duelen las lágrimas perdidas

Desesperación

Collage hecho por mí con Canva. 

A veces vuelven a asomar las náuseas por mis ojos

y la amenaza del vómito me deja sin respiración.

No me duelen las lágrimas perdidas.

 

Siento esa sensación en el pecho, de encogimiento;

un agujero negro que crece veloz y sin descanso, inevitable.

No me duelen las lágrimas perdidas.

 

Me asaltan los pensamientos recurrentes

que apagan toda esperanza y oscurecen mi luz.

No me duelen las lágrimas perdidas.

 

Lo que me duele es el tiempo…

el tiempo perdido anhelando una ausencia.

 

Lídia Castro Navàs

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Hubo un tiempo…

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Pixabay

Hubo un tiempo en que trabajar era sinónimo de felicidad, porque suponía la paz y sustento para la familia. Hubo un tiempo en que las canciones eran entonadas desde el corazón; daban igual los acentos y los timbres. Hubo un tiempo en que se cantaba mientras se trabajaba; ya fuera recolectando fruta, bordando o desplumando aves. Así lo hacía mi abuela: trabajar con alegría, cantar con el corazón.


Este mes se lo dedico a mi abuela, que falleció recientemente (11/02). De ahí, mi ausencia.

Lídia Castro Navàs