En dos entradas anteriores (#ProyectoAbigail y #ProyectoAbigail_2) ya te expliqué de qué va este nuevo proyecto. Hoy te vengo a presentar un personaje más; en este caso, supone un pilar en la vida de Abigail. Del mismo modo que el anterior, no revelaré su nombre ni su aspecto, solo te mostraré un aestheticque lo representa:
A finales de mayo te hablé de este nuevo proyecto y te presenté a la protagonista indiscutible: Abigail (si no lo viste, dale al clic).
Hoy te voy a presentar a otro de los personajes que, aunque importante, resulta más pasivo en el desarrollo de la historia. Para no desvelar más de la cuenta, he obviado su nombre y le he asignado una palabra que le representa; aquí su aesthetic:
Solo añadir que estoy llegando a la redacción final de la historia y que muy pronto empezaré con las revisiones y las correcciones.
—Accidentada en la playa: mujer, de cuarenta años, con torcedura en un pie y mano muy inflamada, posiblemente rota —anuncia un sanitario entrando en la sala de urgencias.
—Yo me encargo, no te preocupes —responde una enfermera—. ¿Cómo ha ocurrido?
—Estaba haciendo… deporte —contesta dubitativa la paciente.
—Hay que tener cuidado con… ¿qué deporte practicas?
Antes de empezar a hablar, ya señalaba con sus deditos el final de un pasillo vacío o una habitación a oscuras. Su gesto se endurecía y con la mirada te rogaba que le prestaras atención, pero nunca había nada.
Cuando pudo verbalizarlo, creí que era un juego, un inocente juego de niños…
Tardé un poco en darme cuenta de que no era ningún entretenimiento para ella, sino un don… una maldición.
Aún recuerdo esa vez que lucía su vestido preferido, estampado con gatitos negros; debían ser las ocho de la tarde y el sol empezaba ya a descender hacia el horizonte; su luz rozaba el suelo y deslumbraba si la mirabas directamente. Salió corriendo al jardín entre sollozos. En su lucha por llamar mi atención, la coleta se le deshizo y la dotó de un aspecto de locura transitoria. Me asusté.
La seguí hasta allí, temerosa. Me paré justo a sus espaldas y observé lo que parecía una preciosa puesta de sol. Nada frente a mí me decía el porqué de su estado.
Al momento, se calmó y apaciguaron los espasmos, aunque seguía apretando sus pequeños puños. En su mano izquierda asomaba una piedra. Creí que la iba a lanzar entre sus susurros ininteligibles, pero, en vez de eso, la alzó hacia la luz y recitó unas palabras en un idioma que sonaba a extinto.
Pronto una luz oscura, que estaba confundida entre las luces y las sombras del paisaje que yo misma tenía frente a mí, se dirigió a la piedra; no era una piedra común, era un cuarzo rosa que su abuela le había regalado después de visitar la feria del condado.
La luz oscura penetró en el mineral y un destello de luz la hizo desaparecer.
Luego, el agarre de sus manitas se soltaron, dejaron de apretar sus propios dedos y sus hombros cayeron, como si un gran peso se hubiera liberado de ellos.
—Ya no hará más daño a nadie — dijo sin siquiera girarse.
Los vellos de la nuca se me erizaron. Jamás volví a dudar de sus “juegos”.
¿Qué andas buscando? ¿Qué es verdaderamente lo importante a entender y realizar? ¿Quién o qué eres? No somos, desde luego, el pensamiento. ¿Existe un yo separado e individual, o no es más que una imagen mental? ¿Qué son la mente, la conciencia, el Sí Mismo, la luz interior? Preguntas que apuntan a una "respuesta" mucho más profunda y real que lo meramente intelectual: Solo-Ser más allá de toda elaboración mental, discriminación, juicio, conceptualización, definición, categoría o dualidad sujeto-objeto. Una luz cegadora, incondicionada, que todo lo traspasa: la Mente Despierta, que a la vez es la No-Mente. La ausencia de sujeto y de todo registro mental. Todo sencillamente fluye
No se trata de nada sino de seguir viviendo dando una respuesta o una salida a ese vacío existencial original que está en el centro la galaxia llamada "yo".
Emociones, Poesía, Relatos, Carteles, Fotografías. Un doblado, "doblao" en Aracena, el pueblo de mis padres, es un lugar de la casa, en la parte más alta, bajo el tejado, al que se accede por una angosta escalera. Es un espacio no habitable donde se almacenan objetos viejos o de poco uso, y también algunos alimentos, como patatas o cebollas, entre otros. En mi Doblao del Arte guardo mis creaciones, emanadas de mis sentimientos y vivencias, que entroncan con mi imaginación, mi pensamiento, mis emociones, mi presente y mi pasado, todo ello condicionado por mis raíces.