Marcos y Aurelia

Foto propia. Austria, 2017

El príncipe Marcos vio acelerado su ascenso al trono por la trágica y prematura muerte de su padre. Pero para poder acceder a ese privilegio debía contraer matrimonio.

La elegida fue la única hija del cortesano más rico del palacio: Aurelia, de facciones delicadas, pelo sedoso y mirada vacía.

La unión entre los dos jóvenes se celebró como el acontecimiento más importante en la historia del reino. Pero lo que la gente no sospechaba era que el matrimonio tan solo fue una fachada para acallar los rumores de la homosexualidad de Marcos y esconder los trastornos psicológicos de Aurelia.

Lídia Castro Navàs

Cúpula gris plomizo 

Foto propia. Londres, 2016

Un buen día, una gran cúpula se precipitó sobre nosotros. Era opaca y su color gris plomizo lo invadió todo. Ya jamás volvimos a ver la luz del sol, ni a oler el aroma de las flores, ni a disfrutar del canto de los pájaros… todo se quedó en letargo, en pausa, esperando la llegada de una primavera que nunca llegaba. ¡Hasta que me cansé de esperar y fui yo misma a por ella!

Lídia Castro Navàs

Agradecida (acróstico)

Foto propia: Praga.

Agradecida estoy después de un año. 

Grandes cosas he hecho y otros tantos planes tengo.

Rememoro el dolor y la pena que me tenían sometida,

Aunque la esperanza me hizo optar por mi vida.

Desde entonces estoy aprendiendo.

Empezar de nuevo tiene su dificultad.

Cosas que aplazaba siempre, ahora son prioridad.

Inestimable el valor de mí misma, ya no se puede cuestionar.

De luz mi vida envuelta está y eso nadie lo podrá cambiar.

Agradecida estoy después de un año ya.​

Lídia.

La espada 

Foto propia. Flix, 2017

La espada se forjó con las brasas procedentes del volcán maldito. Su hoja plateada brillaba con la intensidad de tres lunas, como las que se alzaban cada noche en el cielo.

Y ahora me tocaba a mí empuñar la espada para salvar lo que quedaba de nuestro mundo ante la amenaza que se cernía sobre nosotros: la ignorancia. 

Lídia Castro Navàs

En el desván 

Foto propia. Praga, 2016

Me gustaba subir al desván de mis abuelos, donde los trastos viejos acumulaban polvo, como solía decir mi madre. Pero según mi visión infantil, allí se escondían objetos extraordinarios y mágicos, el polvo era solo para despistar a los adultos y ahuyentarlos. 

Me pasaba horas sentada en el suelo hurgando en las cajas. Los objetos en desuso aguardaban el cálido tacto de mis inocentes manos para adquirir vida y jugar conmigo. Todo volvía a su estado inerte si mi madre se presentaba de improviso. A los objetos no les debían gustar los adultos porque si no, no me lo explico.

Lídia Castro Navàs

En el anticuario 

Foto propia. Praga, 2016

Una mujer entró en mi anticuario y trajo un collar que formaba parte de una herencia. Lo quería vender porque estaba maldito. Su familia había sufrido infortunios desde su adquisición. Soy bastante escéptica y la joya me había cautivado, así que se la compré sin reparos. La limpié y la coloqué en el escaparate. Al momento, recibí una llamada: mi marido había tenido un accidente, ¿era una coincidencia o sería verdad la historia de la maldición? 

 Lídia Castro Navàs

Tejedora de historias

Foto propia. Flix, 2016

Con paciencia y dedicación va tejiendo todos los días sin descanso. El delicado hilo entre sus manos se transforma en una compleja tela. En cada puntada intercala un pensamiento o una emoción: miedo a la injusticia, cariño, orgullo herido, desazón, el dulce aroma de la canela, incertidumbre, esperanza, el olor de leña quemada, solidaridad… Todo queda atrapado conformando un tejido único lleno de experiencias vividas a lo largo de un año.

Muchos relatos quedan por tejer; así como la araña aguarda a sus presas en su trampa mortal, esta “tejedora” espera vuestras visitas atraer. 

¡FELIZ AÑO 2017!🎉🌟💓

Lídia Castro Navàs

Deseos y esperanzas

Foto propia. Barcelona, 2016

Pasé de sentir el cálido tacto de tus manos a precipitarme en un profundo vacío.

Caí en un mar que se confundía con mi llanto y me hundí hasta el fondo, donde encontré a otras como yo.

Somos deseos y esperanzas lanzados al azar… ¿Qué destino nos aguarda en este pozo a tantas monedas?

Lídia Castro Navàs