Estaba sentada en el jardín, donde me refugiaba siempre que las tinieblas amenazaban con llevarme. No pude evitar caer en las redes de mis propios recuerdos que, recurrentes, volvían para perturbarme.
Las primeras imágenes aparecían nítidas en mi mente, pero poco a poco, se iban difuminando y enturbiando hasta desaparecer.
En mi mano sostenía el informe maltrecho. Ya no podía leerlo, pero conocía perfectamente su contenido. Era la sentencia de mi oscuridad eterna… era la confirmación de mi ceguera irreversible.
Se abrieron las puertas correderas y entré en el vagón que ya iba lleno. El ambiente estaba algo cargado, pero agradecí la calidez interior a esa hora de la mañana. ¡Premio! Había un asiento vacío. Me senté y saqué el libro de mi bolso. Me resultaba muy tedioso el trayecto y todas esas personas con la mirada puesta en sus móviles… Decidí sumergirme en la lectura y rápidamente el metro se convirtió en mi montura y yo en un caballero que se iba a enfrentar a las más temibles huestes enemigas para salvaguardar la integridad de mi nación.
Lídia Castro Navàs
Entrada con la que participé en el 2º certamen de microrrelatos que organiza el metro de Málaga. Más información.
Ya por fin me había instalado. Había sido costoso encontrar el sitio ideal, pero ahora tenía todo lo que necesitaba y me sentía sentía seguro, cómodo y calentito. Yo siempre me había considerado el inquilino perfecto: sin pareja, discreto, silencioso… por eso me extrañó cuando mi casero empezó a amargarme la vida.
Primero, fue el agua fría, ¡¿quién aguanta el agua fría en invierno?! Después, fue el olor a alcanfor y trementina. Era tan fuerte y desagradable que no se podía ni respirar. No tardó en aparecer la humedad excesiva y el sudor. Eso sí que puede conmigo. Al final, tuve que marcharme.
¡En cuanto los humanos sienten que tienen un virus viviendo en sus cuerpos hacen cualquier cosa para echarlo!
Nunca sabes cómo ni cuándo actuará Cupido en tu vida. Pero así lo recuerdo yo:
Primero, fue su robustez lo que me atrajo. Con él me sentía segura y protegida. Su estilo era algo particular, una mezcla de elegancia y sencillez, que no dejaba indiferente. Después, su voz me cautivó por completo, era cálida y acogedora. Hablar con él no era como hablar con una máquina. Y, por último, el brillo que desprendía su carrocería metalizada me hipnotizó.
Por eso siempre digo que cuando fui a comprar mi coche, ¡fue un flechazo!
Fuimos muy felices en esa casa. Había pertenecido a mi familia durante varias generaciones. Vivíamos muy tranquilos, lejos de los ruidos de la gran ciudad. En paz. No podíamos ser más dichosos.
Hasta que todo eso cambió…
Primero fue el perro, empezó a comportarse de forma extraña. Siempre con la mirada perdida, escudriñando la nada y sus ladridos dirigidos a ninguna parte. Después, mi hija pequeña, no conciliaba el sueño y decía oír susurros. Finalmente, todos fuimos conscientes de su presencia.
Sus ruidos perturbaban nuestro silencio y la paz desapareció de nuestras vidas. Tuvimos que mudarnos, ya que se había instalado en nuestra casa y estaba dispuesto a no dejarnos tranquilos.
¡Estos vivos no tienen ningún respeto por nosotros, los espíritus!
—Cuando yo era joven esto no pasaba. Eran mejores tiempos, sin duda.
—¿A qué te refieres?
—Hoy en día, fíjate, tanto móvil y tanta tecnología… les absorbe el cerebro. Ya no saben ni escribir, con tantos… ¡dibujitos de esos!
—Se llaman emojis.
—Pues eso. Y de mantener una conversación, no son capaces. Ni siquiera saludan por la calle.
—Estás un poco cascarrabias hoy, ¿no?
—¿Pero no has visto lo que acaba de hacer esa?
—Ay, solo te ha echado una foto, hombre. Seguro que ha pensado que eras un viajante del pasado que no ha sabido adaptarse a la sociedad tecnológica actual… ¡Y creo que ha dado en el clavo! (Lo haces genial… dice susurrando)
—Deja ya de hablar, bastón del diablo, que sino van a descubrir que en realidad venimos del futuro…
El príncipe Marcos vio acelerado su ascenso al trono por la trágica y prematura muerte de su padre. Pero para poder acceder a ese privilegio debía contraer matrimonio.
La elegida fue la única hija del cortesano más rico del palacio: Aurelia, de facciones delicadas, pelo sedoso y mirada vacía.
La unión entre los dos jóvenes se celebró como el acontecimiento más importante en la historia del reino. Pero lo que la gente no sospechaba era que el matrimonio tan solo fue una fachada para acallar los rumores de la homosexualidad de Marcos y esconder los trastornos psicológicos de Aurelia.
Un buen día, una gran cúpula se precipitó sobre nosotros. Era opaca y su color gris plomizo lo invadió todo. Ya jamás volvimos a ver la luz del sol, ni a oler el aroma de las flores, ni a disfrutar del canto de los pájaros… todo se quedó en letargo, en pausa, esperando la llegada de una primavera que nunca llegaba. ¡Hasta que me cansé de esperar y fui yo misma a por ella!
¿Qué andas buscando? ¿Qué es verdaderamente lo importante a entender y realizar? ¿Quién o qué eres? No somos, desde luego, el pensamiento. ¿Existe un yo separado e individual, o no es más que una imagen mental? ¿Qué son la mente, la conciencia, el Sí Mismo, la luz interior? Preguntas que apuntan a una "respuesta" mucho más profunda y real que lo meramente intelectual: Solo-Ser más allá de toda elaboración mental, discriminación, juicio, conceptualización, definición, categoría o dualidad sujeto-objeto. Una luz cegadora, incondicionada, que todo lo traspasa: la Mente Despierta, que a la vez es la No-Mente. La ausencia de sujeto y de todo registro mental. Todo sencillamente fluye
No se trata de nada sino de seguir viviendo dando una respuesta o una salida a ese vacío existencial original que está en el centro la galaxia llamada "yo".
Emociones, Poesía, Relatos, Carteles, Fotografías. Un doblado, "doblao" en Aracena, el pueblo de mis padres, es un lugar de la casa, en la parte más alta, bajo el tejado, al que se accede por una angosta escalera. Es un espacio no habitable donde se almacenan objetos viejos o de poco uso, y también algunos alimentos, como patatas o cebollas, entre otros. En mi Doblao del Arte guardo mis creaciones, emanadas de mis sentimientos y vivencias, que entroncan con mi imaginación, mi pensamiento, mis emociones, mi presente y mi pasado, todo ello condicionado por mis raíces.