Tela

Foto propia. Flix, 2018

Tejida en escarcha,
entre ramas de vid.
El sol tras la niebla espera.

Más poesías como haikus, haibuns y otras poesías libres AQUÍ.

Lídia Castro Navàs.

Emotiva presentación

Hay un dicho que reza que nadie es profeta en su tierra y tengo que decir que, desde que publico mis libros, nunca había hecho una presentación en mi pueblo natal. Sí que las había hecho en otras ciudades en las que he vivido o trabajado, pero nunca en Flix.

Ahora ya puedo afirmar que, no solo he hecho una presentación allí, sino que ha sido una de las más emotivas que recuerdo.

Quiero agradecer al ayuntamiento, a Laia, la concejala de cultura, y a Montse, la bibliotecaria municipal, por las gestiones para que el acto fuera posible. También a todos los vecinos y vecinas que se acercaron a escucharme.

Me acompañó durante el evento Albert Guiu, profesor de lengua, escritor y vecino mío, quien hizo un análisis de la novela que me cautivó. Desde aquí le agradezco el laborioso trabajo que conllevó su intervención.

Luego me tocó el turno de hablar y me centré en explicar el proceso creativo que me llevó a escribir Melodía ancestral; todo el recorrido hasta la publicación del libro, tratando temas como la ilustración a cargo de Andrea Obregón, la maquetación de la novela o la importancia de la música en la historia.

Las magníficas fotografías del evento las hizo JM Franch gracias también por su presencia:

Lídia Castro Navàs.

Megara

Siguiendo con las peticiones que pedí en mi instagram hoy voy hablarte de Megara. 

¿Sabías que en época griega las mujeres podían ser usadas como moneda de cambio o para pagar recompensas por una labor? Ese fue el caso de Megara, quien fue entregada a un famoso héroe por su propio padre como muestra de agradecimiento por salvar su reino. 

¿Quieres saber más sobre su breve y trágica historia? Pues ven y te la cuento. 

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Lídia Castro Navàs

En el infierno

Miro el reloj, son algo más de las tres de la madrugada y las bombas siguen cayendo. El silbido ensordecedor que producen los proyectiles en su caída libre se introduce en mi mente con la facilidad con que una piedra rompe un delicado cristal.

De las paredes de roca recientemente excavada cuelgan luces improvisadas. No son más que bombillas que parpadean continuamente y se apagan cada vez que hay un nuevo impacto. La oscuridad solo dura unos segundos; unos segundos que se hacen eternos en esa frágil espera.

El refugio antiaéreo está lleno de gente asustada y eso se traduce en un silencio sepulcral. Nadie dice nada, solo se pueden intuir las respiraciones contenidas y algún que otro gemido, casi imperceptible, que se escapa de forma involuntaria. Ni siquiera las criaturas lloran, como si se les hubiera olvidado hacerlo, como si de repente fueran personas adultas respetando esa mudez tensa con renuncia estoica. Solo hay una cosa que rompe el silencio: las sirenas. Ellas anuncian, incansables, que el peligro llega desde el cielo y que nadie está a salvo.

En este reducido espacio nos hacinamos todos: hombres y mujeres; ancianos y niños. Aquí todos somos iguales; el miedo… el miedo a morir nos iguala; la muerte nos iguala y nos recuerda que nadie es mejor que nadie. Y ese mismo miedo se refleja de distintas formas en los rostros de las personas que me rodean y con quien comparto la respiración contenida, como si el oxígeno de la estancia fuera un bien preciado a punto de agotarse.

Mis manos, sucias y temblorosas, sostienen la cámara con el temor de quien lleva una bomba a punto de estallar. Aunque la acreditación de corresponsal cuelga por encima de mi chaleco bien visible, mostrando el porqué de mi presencia allí, no sé de dónde sacar las fuerzas para levantar mi Canon e inmortalizar este momento.

Los años de experiencia en varios conflictos bélicos distintos no me ayudan a afrontar esta situación por muy similar a las otras que sea. Mi empatía, a veces tan útil y necesaria, se convierte en lo que ahora me impide tener la mente fría.

Inhalo profundo; todo lo profundo que me permite el pecho encogido, y suelto un bufido, que suena más alto de lo que me gustaría admitir, y con el aire dejo ir también mis miedos, mis frustraciones y la desesperanza que anida en muchos de los corazones presentes. Una desesperanza que tiñe de negro el futuro de la humanidad como sociedad. Una sociedad que vive, pero que no sabe convivir. Mucho tenemos que aprender todavía… Y por eso debo continuar con mi labor, para dar a conocer al mundo entero la injusticia, el dolor y el desamparo de los más débiles e inocentes. Me aferro a ese sentimiento mientras alzo mi cámara y así poder seguir un día más en el mismísimo infierno.

Lídia Castro Navàs

Cita #146

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Lídia Castro Navàs

Hechizo contra esa moda

Iba a acabar con esa moda de la lectura. Muchos posaban con los libros que tenían, leían o veían en librerías. Mera fachada; nadie se paraba a reflexionar sobre su contenido. Al doblar la esquina, me escondí bajo la capucha. Me acordé que había comprado esa capa en un mercado medieval, el mismo día que encontré el tratado de brujería de donde había sacado el hechizo. Al llegar al observatorio lo recité y el cielo se cubrió de letras brillantes. Todas las páginas del mundo quedaron en blanco igual que las mentes de las personas que se vanagloriaban de leerlas.


Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de diciembre, un microrrelato de 100 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

¡Te invito a participar!

Puedes consultar las bases aquí:

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Te aconsejo unos cuantos. Echa un vistazo en el siguiente enlace:

Lídia Castro Navàs

Escribir Jugando. Diciembre ’24

Antes de participar consulta las bases y los retos anteriores.


Diciembre

  1. Crea un microrrelato o poesía (máx. 100 palabras) inspirándote en la carta.
  2. En tu creación debe aparecer el dado: niña con capa / Caperucita.

Carta: Dixit. Dado: Story cubes.

Opcional:

Que aparezca en la historia algo relacionado con esta localización: Observatorio.

Carta: Isla prohibida.


¿Te interesan los juegos de mesa que te ayuden a mejorar tu escritura? 

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Presentación Melodía ancestral

Hoy quiero explicarte que este viernes, día 22/11 a las 18h, presentaré Melodía ancestral en el Abacus de Sant Boi de Llobregat.

Estará conmigo, para acompañarme durante el evento, la divulgadora literaria @finnsuenaconlibros.

En la presentación voy a hablar del proceso creativo que me llevó a escribir Melodía ancestral haciendo hincapié en el contexto de la historia (Irlanda y Cantabria) y la música.

Al final, firmaré ejemplares para todas aquellas personas que quieran el libro y, no solo se llevarán la novela consigo, sino también un detallito muy especial

Si estás cerca de allí, me encantaría que vinieras a verme y así poder saludarte en persona. 🙂

Lídia Castro.

Cita #145

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Lídia Castro Navàs

Yūrei

El tiempo tradicional para hablar de fantasmas en Japón es en agosto, porque según ellos no hay nada mejor para hacer pasar el sofocante calor que un buen escalofrío. 

En Occidente preferimos el otoño, con la festividad de todos los santos, es por eso que te voy a hablar de Yurei, los fantasmas japoneses. 

¿Quieres conocerlos? Pues ven y te lo cuento.

Más vídeos en Mitologías.

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Lídia Castro Navàs