
−¿Por qué me has abandonado? −grité a los cuatro vientos.
Me pareció verla por los jardines colindantes al castillo, así que me fui tras ella. Salí por la puerta de la cocina que daba a las cuadras. Me escabullí entre todo el personal ocupado en sus quehaceres matutinos y nadie se percató de mi marcha. Recorrí el camino de tierra que separa el edificio principal, de los jardines; crucé la gran explanada cubierta de hierba y estampada de amarillas y diminutas flores; atravesé unos espesos arbustos hasta llegar a la fuente, pero no pude dar con ella.
−¿Dónde te has metido, inspiración?
Lídia Castro Navàs




