
Le pedí al chamán un remedio para el mal que padecía mi madre en la sangre. Me recomendó las flores de una extraña planta. Resultó ser un cactus de minúsculas flores negras. Eran preciosas, pero un escalofrío recorrió mi espinazo al cogerlas. Le preparé el remedio a mi madre y esa noche se deshizo en sollozos reviviendo la traumática muerte de su padre cuando era pequeña.
El chamán no me había advertido de esos efectos. Mi madre no solo curó su dolencia de sangre, sino que también sanó una herida profunda que se cernía sobre ella como una larga sombra.
Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de julio, un microrrelato de 100 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.
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Lídia Castro Navàs











