
Su entrenamiento se basaba en la más estricta disciplina: todos los días, cuando aún no había despuntado el sol naciente, blandía su katana con la delicadeza y la precisión de quien usa un pincel sobre el lienzo en blanco. El mundo le parecía muy grande desde su humilde estancia y no pretendía cambiarlo, pero igual que el aleteo de una mariposa podía provocar huracanes, la energía generada en su entrenamiento causaba un aumento de la vibración terrestre y con ella la apertura de conciencias. Estaba gestando un cambio hacia un mundo utópico. Lo malo es que él no lo presenciaría.
Esta es mi propuesta para Escribir jugando de junio, un microrrelato de 100 palabras, basado en el desafío. Descúbrelo.
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Lídia Castro Navàs














