
Tengo el corazón en el pecho,
encerrado entre las costillas.
Late y late sin parar…
Yo me pierdo en el sonido
de una música que no escucho,
no veo, no toco,
pero siento dentro de mí, dentro de mi mente.
***
Una suave brisa roza mi rostro,
una fina lluvia moja mi pelo,
y, entonces, veo tu luz;
me ilumina y una grata sensación
libera a mi corazón de su prisión.
Solo entonces, la música se hace visible,
la ilusión posible y el amor palpable.
(Poesía que escribí en enero de 1997)
Lídia Castro Navàs










