
La escarpada fachada lo recibió con la dureza de su piel lítica. El pórtico de roca pulida daba acceso a un oscuro destino, pero eso no lo amedrantó. Le había costado mucho llegar hasta aquí y no iba a dejarse llevar por el miedo. Esa montaña era solo metafórica. Ahora empezaba el verdadero viaje: el camino hacia el interior de su alma.
Otra de mis tríadas: Ilustración + microrrelato + música. Recomiendo disfrutar todo a la vez. Espero que te guste.
Lídia Castro Navàs
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