La espada se forjó con las brasas procedentes del volcán maldito. Su hoja plateada brillaba con la intensidad de tres lunas, como las que se alzaban cada noche en el cielo.
Y ahora me tocaba a mí empuñar la espada para salvar lo que quedaba de nuestro mundo ante la amenaza que se cernía sobre nosotros: la ignorancia.
Me gustaba subir al desván de mis abuelos, donde los trastos viejos acumulaban polvo, como solía decir mi madre. Pero según mi visión infantil, allí se escondían objetos extraordinarios y mágicos, el polvo era solo para despistar a los adultos y ahuyentarlos.
Me pasaba horas sentada en el suelo hurgando en las cajas. Los objetos en desuso aguardaban el cálido tacto de mis inocentes manos para adquirir vida y jugar conmigo. Todo volvía a su estado inerte si mi madre se presentaba de improviso. A los objetos no les debían gustar los adultos porque si no, no me lo explico.
YO: Aguantad las posiciones, por favor. Y tú, Dragón, intenta no abrir los ojos y saca más la lengua, que tiene que parecer que estás muerto.
DRAGÓN: ¿Pero quién se va creer que un simple mortal puede con un fiero dragón?
YO: La verdad es que mucha gente lo cree, de hecho, historias como esta son las que mantienen viva la esperanza y la ilusión entre las personas.
DRAGÓN: Pues no es realista. No solo es humano, sino que además lleva falda y esa espada es ridícula, ¡nunca atravesaría mi dura piel!
YO: A ver, ¿podrías no mover la boca, Dragón? Esto va a quedar mal…
SAN JORGE: Si Dragón queda mal a mí me da igual, pero yo quiero salir bien, ¡¿eh?! Potencia mis bíceps, no te olvides. Un momento, ¿qué es esto? Creo que me ha entrado una escama en la uña y me molesta.
YO: ¡San Jorge, déjate los dedos y mantén la espada bien erguida!
SAN JORGE: Es que me saca de quicio cuando este animal se mete con mi indumentaria. ¡No es por nada pero tú, Dragón, vas en cueros!
DRAGÓN: Grrrr (gruñe y se remueve).
YO: Bueno, ¡se acabó! No me hago responsable del resultado final de la escultura.
Una mujer entró en mi anticuario y trajo un collar que formaba parte de una herencia. Lo quería vender porque estaba maldito. Su familia había sufrido infortunios desde su adquisición. Soy bastante escéptica y la joya me había cautivado, así que se la compré sin reparos. La limpié y la coloqué en el escaparate. Al momento, recibí una llamada: mi marido había tenido un accidente, ¿era una coincidencia o sería verdad la historia de la maldición?
Con paciencia y dedicación va tejiendo todos los días sin descanso. El delicado hilo entre sus manos se transforma en una compleja tela. En cada puntada intercala un pensamiento o una emoción: miedo a la injusticia, cariño, orgullo herido, desazón, el dulce aroma de la canela, incertidumbre, esperanza, el olor de leña quemada, solidaridad… Todo queda atrapado conformando un tejido único lleno de experiencias vividas a lo largo de un año.
Muchos relatos quedan por tejer; así como la araña aguarda a sus presas en su trampa mortal, esta “tejedora” espera vuestras visitas atraer.
Bajo la túnica de lino se intuía su esbelta figura. Un pectoral de oro y lapislázuli destacaba sobre la tela blanca. Sus ojos cerrados mostraban una negra y gruesa raya de kohl que perfilaba sus pestañas. Al lado de su diván, en una mesa dorada, había una fuente de fruta fresca y una gran jarra de leche. Su brazo caía inerte a unos centímetros del suelo y unas pequeñas gotas de sangre señalaban el lugar donde el áspid había asestado su letal mordedura.
Se dice que soplaba un fuerte y frío viento cuando el Dios del trueno se presentó en casa de los gemelos. Fue la madre quien abrió la puerta y al verlo supo que nada podría hacer por calmar su ira. No esperó invitación para pasar y se dirigió raudo hacia donde descansaban los dos jóvenes. Los cogió sin esfuerzo y desapareció con ellos. De nada sirvió el desconsuelo de esa madre. Los dioses siempre cumplían sus amenazas. Los chicos cargarían en su conciencia todo el dolor causado por la guerra que habían provocado. Y así fue, los convirtió en columnas y sobre sus hombros cargó el peso de todo un edificio. Condenados a una eternidad de dolor de espalda.
¿Qué andas buscando? ¿Qué es verdaderamente lo importante a entender y realizar? ¿Quién o qué eres? No somos, desde luego, el pensamiento. ¿Existe un yo separado e individual, o no es más que una imagen mental? ¿Qué son la mente, la conciencia, el Sí Mismo, la luz interior? Preguntas que apuntan a una "respuesta" mucho más profunda y real que lo meramente intelectual: Solo-Ser más allá de toda elaboración mental, discriminación, juicio, conceptualización, definición, categoría o dualidad sujeto-objeto. Una luz cegadora, incondicionada, que todo lo traspasa: la Mente Despierta, que a la vez es la No-Mente. La ausencia de sujeto y de todo registro mental. Todo sencillamente fluye
No se trata de nada sino de seguir viviendo dando una respuesta o una salida a ese vacío existencial original que está en el centro la galaxia llamada "yo".
Emociones, Poesía, Relatos, Carteles, Fotografías. Un doblado, "doblao" en Aracena, el pueblo de mis padres, es un lugar de la casa, en la parte más alta, bajo el tejado, al que se accede por una angosta escalera. Es un espacio no habitable donde se almacenan objetos viejos o de poco uso, y también algunos alimentos, como patatas o cebollas, entre otros. En mi Doblao del Arte guardo mis creaciones, emanadas de mis sentimientos y vivencias, que entroncan con mi imaginación, mi pensamiento, mis emociones, mi presente y mi pasado, todo ello condicionado por mis raíces.