La espada 

Foto propia. Flix, 2017

La espada se forjó con las brasas procedentes del volcán maldito. Su hoja plateada brillaba con la intensidad de tres lunas, como las que se alzaban cada noche en el cielo.

Y ahora me tocaba a mí empuñar la espada para salvar lo que quedaba de nuestro mundo ante la amenaza que se cernía sobre nosotros: la ignorancia. 

Lídia Castro Navàs

En el desván 

Foto propia. Praga, 2016

Me gustaba subir al desván de mis abuelos, donde los trastos viejos acumulaban polvo, como solía decir mi madre. Pero según mi visión infantil, allí se escondían objetos extraordinarios y mágicos, el polvo era solo para despistar a los adultos y ahuyentarlos. 

Me pasaba horas sentada en el suelo hurgando en las cajas. Los objetos en desuso aguardaban el cálido tacto de mis inocentes manos para adquirir vida y jugar conmigo. Todo volvía a su estado inerte si mi madre se presentaba de improviso. A los objetos no les debían gustar los adultos porque si no, no me lo explico.

Lídia Castro Navàs

En el anticuario 

Foto propia. Praga, 2016

Una mujer entró en mi anticuario y trajo un collar que formaba parte de una herencia. Lo quería vender porque estaba maldito. Su familia había sufrido infortunios desde su adquisición. Soy bastante escéptica y la joya me había cautivado, así que se la compré sin reparos. La limpié y la coloqué en el escaparate. Al momento, recibí una llamada: mi marido había tenido un accidente, ¿era una coincidencia o sería verdad la historia de la maldición? 

 Lídia Castro Navàs

Tejedora de historias

Foto propia. Flix, 2016

Con paciencia y dedicación va tejiendo todos los días sin descanso. El delicado hilo entre sus manos se transforma en una compleja tela. En cada puntada intercala un pensamiento o una emoción: miedo a la injusticia, cariño, orgullo herido, desazón, el dulce aroma de la canela, incertidumbre, esperanza, el olor de leña quemada, solidaridad… Todo queda atrapado conformando un tejido único lleno de experiencias vividas a lo largo de un año.

Muchos relatos quedan por tejer; así como la araña aguarda a sus presas en su trampa mortal, esta “tejedora” espera vuestras visitas atraer. 

¡FELIZ AÑO 2017!🎉🌟💓

Lídia Castro Navàs

Deseos y esperanzas

Foto propia. Barcelona, 2016

Pasé de sentir el cálido tacto de tus manos a precipitarme en un profundo vacío.

Caí en un mar que se confundía con mi llanto y me hundí hasta el fondo, donde encontré a otras como yo.

Somos deseos y esperanzas lanzados al azar… ¿Qué destino nos aguarda en este pozo a tantas monedas?

Lídia Castro Navàs

Belleza finita

Foto propia. Egipto, 2008

Bajo la túnica de lino se intuía su esbelta figura. Un pectoral de oro y lapislázuli destacaba sobre la tela blanca. Sus ojos cerrados mostraban una negra y gruesa raya de kohl que perfilaba sus pestañas. Al lado de su diván, en una mesa dorada, había una fuente de fruta fresca y una gran jarra de leche. Su brazo caía inerte a unos centímetros del suelo y unas pequeñas gotas de sangre señalaban el lugar donde el áspid había asestado su letal mordedura.

Lídia Castro Navàs

Condena

Foto propia. Praga, 2016

Se dice que soplaba un fuerte y frío viento cuando el Dios del trueno se presentó en casa de los gemelos. Fue la madre quien abrió la puerta y al verlo supo que nada podría hacer por calmar su ira. No esperó invitación para pasar y se dirigió raudo hacia donde descansaban los dos jóvenes. Los cogió sin esfuerzo y desapareció con ellos. De nada sirvió el desconsuelo de esa madre. Los dioses siempre cumplían sus amenazas. Los chicos cargarían en su conciencia todo el dolor causado por la guerra que habían provocado. Y así fue, los convirtió en columnas y sobre sus hombros cargó el peso de todo un edificio. Condenados a una eternidad de dolor de espalda.

Lídia Castro Navàs

A mi Divinidad 

Dulce luz dorada la que desprende tu mirada.

Ilumina mi camino por senderos no siempre afables,

y me guía en el trayecto de la vida apresurada,

hasta alcanzar mis aprendizajes, nada fáciles.


Gracias a mi Divinidad,

por sus duras enseñanzas 

que me brindan la posibilidad,

de evolucionar en mis andanzas.


Lídia.