
Ese invierno se presentó cruel y despiadado. En la aldea escaseaban los materiales, como la madera y las piedras, imprescindibles para reconstruir las cabañas derruidas en el último ataque de los enemigos. Cuando ya no creían que nada pudiera salvarlos, apareció la maga de la lechuza. Ella trajo un nuevo material de construcción: el ladrillo. Significó no solo la supervivencia de los aldeanos, sino que fue un bálsamo de esperanza para todos.
Esta es mi propuesta para Escribir jugando de enero, un microrrelato de 72 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.
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Lídia Castro Navàs














