Bálsamo de esperanza

Ese invierno se presentó cruel y despiadado. En la aldea escaseaban los materiales, como la madera y las piedras, imprescindibles para reconstruir las cabañas derruidas en el último ataque de los enemigos. Cuando ya no creían que nada pudiera salvarlos, apareció la maga de la lechuza. Ella trajo un nuevo material de construcción: el ladrillo. Significó no solo la supervivencia de los aldeanos, sino que fue un bálsamo de esperanza para todos.


Esta es mi propuesta para Escribir jugando de enero, un microrrelato de 72 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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¿Te interesan los juegos de mesa que te ayuden a mejorar tu escritura? 

Te aconsejo unos cuantos. Echa un vistazo en el siguiente enlace:

Lídia Castro Navàs

La maga navegante

Los isleños no habían visto nada igual: la maga llegó navegando, en un transporte que no se hundía en el agua. Les dijo que una grave maldición pesaba sobre la tribu y que ella podía ayudarles. Estaban asustados, pero lo habían intentado todo para evitar las muertes prematuras de los niños. Bajo la luna creciente, esa enigmática mujer invocó una suerte de espíritus de animales, que se repartieron hasta cubrir toda la isla. Antes del amanecer, los espíritus volvieron a fundirse con el fuego y la maga desapareció en su bote. Después de un tiempo, supieron que había funcionado.


Esta es mi propuesta para Escribir jugando de diciembre, un microrrelato de 99 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Unión sagrada

Llevaban sus vestimentas habituales, excepto por la corona de madreselva con la que ella decoró su pelo. Debajo de ese árbol, y con el sonido de una lira como único testigo, se juraron amor eterno. Lo que no sabían es que esa unión sagrada conectó sus almas para siempre. Siglos después, en sus respectivas encarnaciones, seguían buscándose sin saberlo. En alguna vida se habían encontrado y se sintieron atraídos, pero existían inconvenientes (edad, condición, distancia…). Hasta que no fueran capaces de recordar conscientemente esa conexión, no podrían volver a unirse.


Esta es mi propuesta para Escribir jugando de noviembre, un microrrelato de 90 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Prueba Final

Conseguir el título de Alquimista dependía de ese elixir. Tenía que probarlo delante del jurado. La falta de sueño y los nervios hicieron mella en mí. La última noche explotó el alambique. ¡No tenía tiempo de empezar de nuevo! Recogí el brebaje derramado y lo volví a destilar. Pero, junto con el líquido, recogí algo que no estaba en la fórmula.

Presenté mi elixir crecepelo, bebí un sorbo y mi pelo creció, pero algo más ocurrió. Miré mis manos, me habían desaparecido las huellas dactilares y una cáscara oscura las empezaba a recubrir. ¡Me estaba convirtiendo en un escarabajo!


Esta es mi propuesta para Escribir jugando de octubre, un microrrelato de 99 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Confianza

Ser madre de cinco chicas era la peor de las desgracias. ¿Quién defendería las tierras en caso de ataque? ¿Quién lucharía junto a su padre? Nuestro sino era incierto sin un hijo varón. Un día, la hechicera del bosque, me advirtió que tenía que cambiar de pensamiento, que así no dejaría crecer bien a mis hijas, debía confiar en ellas igual que lo haría en caso de ser niños. Seguí su consejo y ahora estamos celebrando la primera victoria de “mi ejército de amazonas”. Ellas danzan alegres levantando sus arcos y su padre y yo no podemos estar más orgullosos.


Esta es mi propuesta para Escribir jugando de septiembre, un microrrelato de 100 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Lídia Castro Navàs

Tinta orgánica

Había vivido muchas vidas y, en todas, aprendió a escribir. Lo había hecho sobre múltiples soportes: tablillas de arcilla como mercader en Babilonia, paredes de caliza como escriba en Tebas, mármol como escultor en Carrara, pergamino como fraile en Cluny y ahora papel en lo alto de su torre, donde atesoraba volúmenes cosidos a gruesas tapas de cuero encontrados en sus viajes, traídos desde allende el mar. En esta vida iba a descubrir algo que revolucionaría la historia: una suerte de microorganismo que puede alterar su aspecto y guardar un secreto que no debe ser leído: la tinta orgánica cambiante.


Esta es mi propuesta para Escribir jugando de agosto, un microrrelato de 100 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.

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Larch

En sus paseos por el bosque, ella veía el rostro de Larch reflejado en la superficie del río, en cada piedra del camino, en la forma cambiante de las nubes, incluso creía escuchar a las flores susurrar su nombre.

Él no había superado la prueba que le impuso su clan: Debía matar a un oso y ofrecerlo a los dioses. Cuando encontró al fiero animal, le impactó su magnitud, pero fue la imagen de dos oseznos asomando por detrás de sus patas traseras lo que hizo que se rindiera. La osa no mostró piedad. 


Esta es mi propuesta para Escribir jugando de julio, un microrrelato de 94 palabras, basado en el desafío. Descúbrelo.

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Disciplina

VTV CANAL 8 on Twitter: "La obra Sol naciente, pintada por Claude Monet en  1872, le dio nombre al estilo impresionista https://t.co/KuVLyOie6n  #CarnetDeLaPatriaBienestarSocial… https://t.co/BrmjHsUcdW"
«Impresión, sol naciente». Claude Monet, 1872.

Su entrenamiento se basaba en la más estricta disciplina: todos los días, cuando aún no había despuntado el sol naciente, blandía su katana con la delicadeza y la precisión de quien usa un pincel sobre el lienzo en blanco. El mundo le parecía muy grande desde su humilde estancia y no pretendía cambiarlo, pero igual que el aleteo de una mariposa podía provocar huracanes, la energía generada en su entrenamiento causaba un aumento de la vibración terrestre y con ella la apertura de conciencias. Estaba gestando un cambio hacia un mundo utópico. Lo malo es que él no lo presenciaría.


Esta es mi propuesta para Escribir jugando de junio, un microrrelato de 100 palabras, basado en el desafío. Descúbrelo.

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Astrea

Pixabay

Astrea vivía en la isla de Delfos, donde transmitió a la humanidad el don de la profecía, pero ella no pertenecía al mundo de los mortales, de hecho, ni siquiera pertenecía a la Tierra. Ella era una estrella y cayó del Cielo por culpa de Zeus, el rey del Olimpo, que quiso poseerla contra su voluntad. Es por esa razón que, aunque se mostraba como una chica risueña, por dentro sufría una gran añoranza.


Esta es mi propuesta para Escribir jugando de mayo, un microrrelato de 74 palabras, basado en la carta, con la palabra del dado: Olimpo y como opcional: la flor de Bach Agrimony

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Lídia Castro Navàs

Síndrome del impostor

Pixabay

Se levantó esa mañana con la firme intención de terminar con su bloqueo. Se sentó frente a la máquina de escribir, cerró los ojos y posó los dedos sobre las teclas. La imaginación empezó a fluir… Escuchó la música de una feria, los gritos y risas de unos niños divirtiéndose, vio un tiovivo antiguo, pero ¡tenía animales de verdad en los que montarse! Al instante, abrió los ojos, releyó lo que acababa de escribir, arrancó la hoja con rabia y la tiró a la papelera. No era el bloqueo contra lo que luchaba, sino contra el síndrome del impostor*.


*Síndrome del impostor: Se trata de un trastorno psicológico en el cual las personas son incapaces de asimilar sus logros (en el ámbito que sea: laboral, creativo, académico…). En el mundo de la escritura, este síndrome hace que nada de lo que esta persona escriba le parezca bueno o a la altura de sus expectativas. Suele ser muy común entre escritoras y también en el mundo de la autopublicación.


Esta es mi propuesta para Escribir jugando de abril, un microrrelato de 99 palabras, basado en la carta, con la palabra del dado: ojo y como opcional: la máquina de escribir.

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