
Desde hacía milenios las personas habían creado una divinidad relacionada con la luna. Pero el secreto que escondía entre sus cráteres seguía sin ser descubierto. Allí habitaba Kandra, la última moradora lunar. Sus ojos de color platino brillaban con intensidad, igual que sus largos cabellos. Ella era la que controlaba los ciclos y cambios del astro nocturno, que tanto afectaban a mareas, cosechas, fertilidad… Pero se había quedado sola y eso supondría el fin de su especie. Lo que la humanidad no sabían es que morirían con ella.
Otra de mis tríadas: Ilustración + microrrelato + música. Recomiendo disfrutar todo a la vez. Espero que te guste.
Lídia Castro Navàs
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