
De repente apareció una figura en mi habitación. Portaba una balanza en una mano y en la otra una espada. De no ser por las grandes alas que asomaban por su espalda, hubiera dicho que era una mujer cualquiera, pero era Maat, diosa egipcia de la justicia. Dejó su balanza ante mí; en uno de los platos había una howlita. Recordaba de mis libros de mitología que se pesaba el corazón con una pluma. El otro platito estaba vacío.
—Ha llegado tu juicio.
Entonces entendí la función de la espada que sostenía. Me estremecí, pero no hice nada para evitarlo.
Esta es mi propuesta para Escribir Jugando de septiembre, un microrrelato de 100 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.
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Lídia Castro Navàs











