
Ser madre de cinco chicas era la peor de las desgracias. ¿Quién defendería las tierras en caso de ataque? ¿Quién lucharía junto a su padre? Nuestro sino era incierto sin un hijo varón. Un día, la hechicera del bosque, me advirtió que tenía que cambiar de pensamiento, que así no dejaría crecer bien a mis hijas, debía confiar en ellas igual que lo haría en caso de ser niños. Seguí su consejo y ahora estamos celebrando la primera victoria de “mi ejército de amazonas”. Ellas danzan alegres levantando sus arcos y su padre y yo no podemos estar más orgullosos.
Esta es mi propuesta para Escribir jugando de septiembre, un microrrelato de 100 palabras (sin contar el título), basado en el desafío. Descúbrelo.
¡Te invito a participar!
Puedes consultar las bases aquí:
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Lídia Castro Navàs













