Artemisa y Orión

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Se tumbó a su lado en lo alto del cobertizo a contemplar el cielo nocturno. Él señaló una constelación y le explicó la historia de amor, de fatídico final, que escondía esa agrupación de estrellas. Al terminar el mito de Artemisa y Orión, dejó caer el brazo y sus manos se tocaron; sintió una corriente eléctrica que ascendió por su extremidad y se expandió en su pecho. Esa fue la primera vez que creyó en la magia.

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¿Te interesa saber el mito de Artemisa y Orión? Pues no te vayas todavía, que te lo explico en el siguiente vídeo.

El lago esmeralda

Foto propia

Lo llaman «lago esmeralda» por el color de sus tranquilas aguas; lo que nadie sospecha es la verdadera historia que se esconde detrás de ese color. Fue debido a una gran matanza de nereidas por parte del dios Poseidón. En un arrebato de locura transitoria acabó violentamente con la vida de todas las ninfas que habitaban en el lago, derramando su sangre color esmeralda en sus aguas y tiñéndolas para siempre.

Lídia Castro Navàs

Condena

Foto propia. Praga, 2016

Se dice que soplaba un fuerte y frío viento cuando el Dios del trueno se presentó en casa de los gemelos. Fue la madre quien abrió la puerta y al verlo supo que nada podría hacer por calmar su ira. No esperó invitación para pasar y se dirigió raudo hacia donde descansaban los dos jóvenes. Los cogió sin esfuerzo y desapareció con ellos. De nada sirvió el desconsuelo de esa madre. Los dioses siempre cumplían sus amenazas. Los chicos cargarían en su conciencia todo el dolor causado por la guerra que habían provocado. Y así fue, los convirtió en columnas y sobre sus hombros cargó el peso de todo un edificio. Condenados a una eternidad de dolor de espalda.

Lídia Castro Navàs

Mitología vasca

En una fugaz visita a Bermeo pude descubrir un conjunto escultórico, obra de Néstor Basterretxea, que representa la cosmogonía vasca. Son un total de 18 piezas de bronce situadas alrededor de un pequeño parque circular.

Fue mi gran interés por la mitología y la energía que me transmitieron dichas esculturas, lo que me animó a investigar un poco más y a escribir este post.

Como en toda mitología antigua, en la vasca podemos encontrar un panteón de divinidades muy diverso. Todas ellas muy arraigadas a la naturaleza y con claras influencias de la mitología celta.

Entre las divinidades, destacar a la principal, relacionada con lo femenino:

  • MARI. Diosa más importante y se asocia con la madre naturaleza. Habitaba en las cuevas de las montañas de la región. Su principal morada era la cara este del monte Anboto, de aquí que se la conozca también con el nombre de “Dama de Anboto”.

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Diosa Mari. Foto: @lidiacastro79

Vemos pues, que la mitología vasca da mucha importancia a la fertilidad y al hecho de crear vida propio del elemento femenino. Pocas mitología antiguas tienen como figura principal a una diosa.

Como elemento masculino, me quedo con el siguiente dios:

  • AKER BELTZ. Dios protector de los animales de la casa. También conocido como “Macho cabrío negro”. Estaba presente en los akelarres. Durante la tradición cristiana, en un intento más de desprestigiar los ritos paganos, este dios fue asociado con el demonio.

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Dios Aker Beltz. Foto: @lidiacastro79

Del mismo modo que los dioses pueden crear vida, también pueden traer muerte y destrucción. Es el caso de:

  • EATE. Dios de la tempestad, del rayo, de la riada y del huracán. Muy temido por las consecuencias de sus actos. También conocido como “El que arrasa con las cosechas”.

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Dios Eate. Foto: @lidiacastro79

  • GAUEKO. Dios de la tinieblas y de la noche. Se le representa como un lobo negro, aunque es zoomórfico, puede adoptar distintas formas. Se dice que devoraba a ovejas y pastores. Como le temían tanto, Mari regaló a los humanos la luz de su primera hija ILARGI (Diosa de la luna). Pero no era suficiente, así que les obsequió con la luz de su segunda hija EGUZKI (Diosa del sol).

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Dios Gaueko. Foto: @lidiacastro79

El hecho de que muchos dioses representen elementos de la naturaleza no es por casualidad. No podemos olvidar que las mitologías no son más que el reflejo de la sociedad que las crea, por tanto, no es de extrañar que los dioses vascos tengan tanto que ver con la tierra, pues dependían de ella para su supervivencia.

Lo que sí que me pareció curioso es la existencia de un dios del arco iris, seguramente debido al clima atlántico predominante en la región, donde las lluvias son constantes y no son nada extraños estos fenómenos naturales. El dios en cuestión es llamado:

  • OSTADAR. Dios del arco iris. Se cree que era un puente que unía el dios cielo (ORTZI) con la diosa tierra (LUR).

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Dios Ostadar. Foto: @lidiacastro79

Esta es mi visión inexperta sobre la mitología vasca. No es más que una pequeña aproximación a la cosmogonía según los antiguos vascones, pues como he podido comprobar es muy compleja y dificultosa, puesto que un mismo dios puede ser llamado de diversas maneras y existen diferentes versiones de un mismo mito.

@lidiacastro79

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En un día primaveral

Me encontraba dormitando dentro del acogedor tronco del árbol que me daba cobijo. Se trataba de un roble robusto y viejo. Más vetusto que mi propia y longeva existencia. Era mi hogar desde hacía tanto, que ya no podía acordarme de la primera vez que lo habité. Nos cuidábamos y protegíamos mutuamente. Como dríade, me deleitaba con esa función que me había tocado asumir y ya no podía imaginar mi vida realizando otra tarea que no fuera esa. Mi historia en particular no era merecedora de mención, pero, en cambio, las memorias de mis antepasadas eran dignas de llenar las crónicas más célebres. Algunas de mis antecesoras vivieron en el Jardín de las Hespérides, y una de ellas era la encargada de proteger y cuidar del manzano de frutos dorados. Me enorgullecía enormemente poder afirmar que mi existencia estaba ligada a aquella dríade en particular.

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Dríade, Evelyn de Morgan

Y volvía a sonar la música a lo lejos. Ese tipo de música animada que hace que los pies se muevan solos y el corazón dé saltos de alegría. La melodía interrumpió mis pensamientos. Poco a poco, se fue aproximando y haciéndose cada vez más audible. Salí del tronco lentamente, desperezándome, para ver a qué se debía tanta algarabía; aunque ya imaginaba quién podía ser…

Era Apolo, que se acercaba con su séquito de ninfas danzarinas revoloteando a su alrededor. Apolo siempre hacía honor a su cargo como dios de la música y de la belleza y de forma constante iba acompañado de ambas.

Iban danzando y en sus manos sostenían copas que contenían un elixir de tonalidad borgoña. Se trataba de vino que Dionisos repartía entre sus más allegados y que tenía unos efectos desinhibidores en cualquiera que se lo llevaba a la boca. Los vaporosos vestidos de las ninfas se mantenían como suspendidos en el aire al compás de sus gráciles movimientos. Y sus risas, contagiosas en desmesura, me obligaron a unirme a su júbilo de forma irremediable.

Entre el séquito que acompañaba al dios había muy buenas amigas mías, ninfas como yo, aunque con ocupaciones muy diversas. Algunas habitaban en fuentes de agua dulce, donde procuraban que los sedientos caminantes saciaran su sed. Otras residían en las montañas y grutas cerca del mar, lugares que custodiaban con complacencia, a la espera de poder refugiar a algún marinero extraviado. También solían acompañar a Apolo las nueve hermanas musas, ninfas de la inspiración. Cada una de ellas infundía la motivación necesaria a artistas en muy diversos ámbitos como la poesía, el teatro, la pintura o la historia.

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Hylas y las ninfas, John William Waterhouse

Todas ellas descuidaban por un tiempo sus labores para poder disfrutar de la compañía del dios y dejar fluir todos sus sentidos a través de la danza y la música. Esa mañana soleada de abril me uní a ellas. La primavera empezaba a despuntar y el bosque se estaba llenando de vida. En los nidos, que se sostenían en las copas de algunos árboles, ya asomaban los picos de hambrientos polluelos que reclamaban alimento. Los capullos comenzaban a abrirse y a llenar de colores y perfume las zonas bajas gracias a la influencia de Flora, la diosa de las flores. Incluso se podían intuir los preciados frutos que pronto llenarían las ramas de los árboles frutales.

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Flora y los céfiros, John William Waterhouse

Me dejé fluir por el ritmo de la música y por el cálido tacto del sol sobre mi blanquecina piel. Saboree el delicioso aroma de la ambrosía que llenaba mi copa dorada y dancé como si no existiera un mañana…

@lidiacastro79

Narcís i els selfies

Com tots sabem, la moda dels selfies és molt recent i segons algunes fonts es considera que una de les primeres selfies fou la d’uns actors i actrius de Hollywood, presa durant la cerimònia dels Òscars de l’any 2014:

Fou la selfie més multitudinària (que incloia més persones en ella) i amb retuits del moment. A partir de llavors, la paraula “selfie” va entrar a formar part del nostre vocabulari habitual.

No obstant això, si ens remuntem a l’antiguitat, ens podem trobar amb la figura d’en Narcís i el seu interessant relat:

Segons la mitologia grega, Narcís era un noi d’una bellesa extraordinària. Era tant bell, que nois i noies se n’enamoraven només veure’l, però Narcís els rebutjava a tots i a totes perquè no creia que ningú fos suficient bo per ell.

Un dia, Nèmesis, deessa de la venjança, cansada d’aquesta actitud summament egocèntrica del jove, va voler escarmentar Narcís i que sabés què era un amor no correspost. Va fer que s’enamorés de la seva pròpia imatge. A partir d’aleshores en Narcís no podia evitar buscar, de forma quasi malaltissa, el seu reflex en rierols, fonts,… en qualsevol superfície que li permetés admirar la seva pròpia bellesa. Tanta fou la seva obsessió que, un dia, mentre estava mirant-se embadalit en un llac, es va apropar tant al seu reflex que caigué a l’aigua i morí ofegat.

Aquest fou el tràgic final d’en Narcís, i no puc evitar preguntar-me, què hagués passat si en Narcís hagués disposat d’un mòbil? L’obsessió per la seva imatge s’hagués convertit en milers de selfies per saciar-la? Hagués mort ofegat en la seva pròpia vanitat en comptes d’en un llac?

Lídia Castro Navàs

Reflexió en un dia d’inspiració

Avui he acompanyat a uns alumnes a participar en un concurs de relats breus i, abans de començar la prova, els he desitjat molt sort i, internament, he pensat “que les muses us acompanyin”.

Curiós, a l’hora d’inspirar són les figures femenines les que prenen forma. No és d’estranyar que els inventors d’aquestes muses no fossin uns altres que els antics grecs, misògins fins a la medul·la, però que veien a les dones com un mal menor (sense elles, la raça humana estava condemnada a l’extinció i ells, abocats a l’homosexualitat).

Llavors m’he preguntat, quina és la musa que més els escauria?

Font: la xarxa

Jo sempre he preferit la Clio (evidentment), la musa de la historia.

Però en el cas que ens ocupava (concurs de relats breus en llengua castellana) era difícil de dir quina seria més adequada… d’entre les 9 muses inventades pels grecs hauríem de descartar a l’Euterpe, la musa de la poesia lírica; a la Terpsícore, la musa de la música i la dansa; i també a la Urània, la musa de l’astronomia, ja que no aportarien la inspiració desitjada.

Què tal l’Erato, la musa de la poesia amorosa? Els podria inspirar una relat d’amor… O, potser millor la Melpòmene, la musa de la tragèdia. Tot i que, una redacció massa tràgica no seria agradable i ens deixaria una regust amarg. Però si la combinéssim amb la Talia, la musa de la comèdia, el resultat podria ser interessant.

M’ha costat uns llargs minuts adonar-me que el millor que els podia desitjar és que totes les muses, en equip, els acompanyessin durant la prova, així el resultat de ben segur seria l’òptim.

Lídia Castro Navàs