
Observar estrellas en el puerto… eso es lo que hacíamos juntos.
—¿Te acuerdas? —le pregunté sin esperar una respuesta.
Anhelo aquellos días en que todo vibraba a nuestro alrededor; la vida vibraba, la misma vida que te abandonó.
—¡Maldito destino! —exclamé arrodillada frente a tu tumba—. Ahora solo me quedan tus recuerdos latiendo en mi memoria.
Lídia Castro Navàs

