El relincho de los caballos, el golpe de sus cascos al trotar, los gritos de los soldados de uno y otro bando, el chocar de sus espadas… todo ello era perceptible desde donde yo me encontraba. Incluso era capaz de captar el sudor y la sangre que corría por los torsos de los que luchaban de forma salvaje.
Estaba harta de ver tanta muerte y destrucción así que decidí apagar la tele e ir a pasear.
Lídia Castro Navàs






