Ella, la gata

Foto propia. Flix, 2017

Durante el día podías verla subida a un árbol, indiferente, sin mostrar emoción alguna, aunque tranquila y despreocupada. En cuanto oscurecía, mejor no encontrarse con ella, con su apariencia real, pues era un espectro de la noche, segadora de vidas, ladrona de almas…

Lídia Castro Navàs

La búsqueda

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Foto:  pixabay.com

En cuanto llegué a diez pasos de los gruesos muros de la fortaleza me inquieté al ver a dos orcos que flanqueaban sus robustas puertas. Decidí dar un rodeo siguiendo la muralla hasta dar con la salida de aguas residuales. El hedor era tal que sentí una arcada subir por mi garganta. Cogí aire para no vomitar y mantuve mi respiración mientras atravesaba el angosto túnel. Al final del mismo, me encontré con una reja que no fue un obstáculo para mi cuerpo menudo. Ya estaba dentro, ahora solo tenía que llegar hasta la sala del mago, situada en lo alto de la torre principal. Usé el conjuro de invisibilidad para llegar hasta allí sin ser vista. Como aún no dominaba los hechizos, la duración fue bastante corta, pero suficiente para alcanzar mi destino. La sala era de planta circular y con un par de ventanales que le proporcionaban luz suficiente. A mano derecha había una chimenea con un caldero humeante colgando encima. A la izquierda, un mostrador con un alambique oscurecido por el uso. Y en el centro, una mesa de roble con el gran libro de aspecto adusto encima. Eso era lo que estaba buscando.

Lídia Castro Navàs

Mi visión de… La sombra dorada

Hoy estreno una nueva sección, se llamará “Mi visión de…” en la que os voy hablar de los libros que leo. Como algunos ya sabéis, no soy dada a hacer reseñas, y de hecho eso no va a cambiar, así que no os esperéis una reseña tradicional; lo que voy a hacer es simplemente hablaros de algunos libros que estoy leyendo y que tienen un aspecto común: todos pertenecen a autores/as independientes.

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MI VISIÓN DE… LA SOMBRA DORADA

Hoy os traigo la obra del compañero Luis M. Núñez más conocido por estos lares como Lord Alce. Visitad su blog, lleno de relatos muy interesantes.

La sombra dorada es una novela de fantasía épica que nos presenta un mundo imaginario imposible de contextualizar. Un mundo similar al nuestro pero con algunos aspectos dispares que no quiero desvelar, en una época que se encontraría a caballo entre un pasado inexistente y un futuro inventado, consecuencia de la diferente evolución de ese mundo.

Portada La sombra dorada

De venta en Amazon (ebook o papel)

Lo que me sorprendió en un principio fue la alternancia de los tipos de narrador: tercera persona interno (poco común) y primera persona, también interno (para dar voz a los auténticos protagonistas); y las continuas analepsis, o dicho de otra manera, el autor rompe de forma constante la secuencia cronológica para explicar hechos pasados y después volver al presente de la obra.

Encontraréis: esmeradas descripciones llenas de detalles que os trasladarán al lugar de la acción, personajes complejos que se muestran con toda su profundidad, ya sea por sus palabras (a veces, pensamientos) o por sus actos, entre los cuales, las mujeres juegan un papel muy importante; y, finalmente, una historia que trata, a nivel muy general, la eterna lucha entre el bien y el mal. Todo escrito con la cuidada narrativa de su autor, quien presta una acurada atención a la forma igual que al contenido.

Lo que quiero destacar como aspecto que más me ha gustado (totalmente subjetivo) es que en la base del relato subyace una fuerte crítica social al tratar temas tan delicados como: el esclavismo, la discriminación por razón de género, la desigualdad entre clases sociales, por citar algunos.

Lídia Castro Navàs

Juegos de infancia 

Foto propia. Tarragona, 2017

Los juegos infantiles en la calle son el mejor recuerdo que un niño puede guardar en su memoria y también en su piel: carreras de obstáculos interminables sorteando a los viandantes; aguantar la respiración detrás de una farola y creer que es el mejor escondite; jugar a fútbol e ir todos detrás del balón sin pensar en las normas; salir con la bici y explorar nuevos mundos a la vuelta de la esquina… 

Pero él no experimentó todo eso, no. Solo fue un mero espectador. Y es que él era un niño diferente; su piel no sufrió moratones, ni roces, ni chichones… pues era de cartón. Se dedicaba a observar el mundo detrás de un cristal; el cristal de su escaparate; allí donde pasó su vida como maniquí infantil. 

Lídia Castro Navàs

Aire arrasador de almas

Foto propia. Tarragona, 2017

Ese era el sanatorio donde estaba encerrado. Cuando todo sucedió, se encontraba castigado por mal comportamiento. Eso le salvó la vida. La ola de aire arrasador de almas (así llamaron al suceso) sesgó toda la vida que encontró a su paso. Menos la suya; él estaba a buen recaudo en la cámara de aislamiento.

Lídia Castro Navàs

Asesino en serie

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Pixabay

Se dice que nació sin nariz y eso lo convirtió en un despiadado asesino y un vulgar ladrón. Atacaba a sus víctimas por la espalda usando un pañuelo bañado en cloroformo. Después las mataba sin que nada pudieran hacer para defenderse. Y, finalmente, les robaba lo que era más preciado para él: sus narices.

@lidiacastro79

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Mirando las estrellas

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La humedad de la noche había cubierto todas las superficies: hierba, flores, mármol, piedra… Se tumbó a contemplar las estrellas desde lo alto de su morada. Un profundo vacío llenaba su pecho exánime; no conseguía abandonar esa sensación de perpetuo malestar que se había instalado en su ser. Una tenue línea de luz iluminó el horizonte anunciando un nuevo día y le señaló que era hora de volver a su sarcófago.

@lidiacastro79

Entrada para participar en el Reto 5 líneas del blog de Adella Brac quien me ha concedido esta medalla de bronce por mi participación en el reto. Mil gracias, Adella 🙂

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Inconsciente 

Cuando desperté estaba en un zulo oscuro y húmedo, me sentía aturdida y había perdido la noción del tiempo. No llevaba mi ropa, sino una bata de hospital. Me sorprendió un fuerte dolor en el costado derecho y me llevé la mano de forma instintiva hacia allí. Palpé, con gran temor, una cicatriz reciente, burdamente cosida. Un terror irracional se apoderó de mí y el inconsciente me llevó de nuevo.

Lídia Castro Navàs

Muerte y destrucción 

El relincho de los caballos, el golpe de sus cascos al trotar, los gritos de los soldados de uno y otro bando, el chocar de sus espadas… todo ello era perceptible desde donde yo me encontraba. Incluso era capaz de captar el sudor y la sangre que corría por los torsos de los que luchaban de forma salvaje.

Estaba harta de ver tanta muerte y destrucción así que decidí apagar la tele e ir a pasear.

Lídia Castro Navàs

El mar

Vivir al lado del mar es un privilegio conocido solo por unos pocos. Me encanta estar ahí todo el día: tumbada en la arena, disfrutando de los rayos del sol, concentrarme en el vaivén del agua, escuchar ese rumor que me hace adormecer, notar la caricia de la arena sobre mí… Lo que peor llevo son los pies; sobre todo esos con callos, durezas o uñas largas. Me arañan al pasar y me entra un repelús… ¡Y es que ser pasarela de playa tiene sus inconvenientes!

Foto propia. Tarragona, 2017

Lídia Castro Navàs