“¡Manifestación, manifestación…! ¡Uníos chicas!” —gritaba alertando a las allí congregadas.
—¿Por qué grita así? —le pregunta otra a una amiga.
—Se siente indignada, como todas… Aunque ella se atreve a gritarlo a los cuatro vientos.
—Bueno, pensándolo bien yo también estoy cansada de ser menospreciada por la sociedad.
—Es que todos los días siendo pisoteadas y con tantas desigualdades respecto a otros, no es para menos.
—Lo que no sabía es que tuviéramos derecho a manifestarnos.
—En realidad las piedras no tenemos derechos, pero las mujeres los tienen y mira de qué les sirven: Cobran menos, trabajan más, no ocupan altos cargos y se las sexualiza.
—Es verdad, a algunas incluso las violan, les extirpan el clítoris o las matan. ¡Pues oye, no se está tan mal aquí en el claustro!
—Y al captar mi sorpresa ha añadido: “Seguro que no es la primera vez que te lo dicen y te aseguro que no será la última”.
—¿Y tú qué le has dicho?
—Nada. No sabía qué decirle, así que he continuado como si nada.
—¿Y…?
—Luego me ha preguntado a qué me dedicaba y cuando le he dicho que era profesora, ha querido saber de qué. Sin ningún problema, le he contestado que de historia y ha resultado que le encanta la historia. Su etapa preferida es la II Guerra Mundial y ya sabes que a mí me gusta mucho la estrategia militar, así que hemos estado charlando sobre eso.
—Anda, curiosa casualidad.
—Sí. Después me ha preguntado la edad y se ve que me lleva un par de años.
—Vaya. Está bien.
—Sí. Luego me ha preguntado si practico algún deporte y si soy alérgica a algo… Y ya cuando me disponía a irme, me ha hecho un cumplido sobre mi forma de vestir.
—Bueno, yo diría que ha ido bien. ¿Habéis vuelto a quedar?
—Sí, el año que viene, para una nueva revisión. La miopía me sigue aumentando…
—Chica, me da que tu oculista intenta flirtear contigo.
—Bueno… estrictamente, no. Digamos que ese día estaba inspirado.
—¡¿Inspirado?! O sea, ¿me estás diciendo que todo lo que he escrito con un cincel durante largos años es producto de tu “inspiración”?
—¡Tampoco te pongas así, hombre! Total, ¿cuántos más, a parte de nosotros, saben leer?
—Esa no es la cuestión, Osiris. Te tenía por un dios serio y me vienes a dictar bulos. Si alguien se entera voy a perder toda mi credibilidad. Pasaré a la historia como el sacerdote que inventaba sus profecías. Nadie creerá que tenía contacto directo con los dioses.
—¡Ah, si es por eso, tranquilo! En el futuro nadie creerá eso de todas formas.
—¡Ya lo han vuelto a hacer mal! Esto pasa por contratar mano de obra barata. ¡¿Es que no habéis hecho nunca un puzle?! Llamad al arqueólogo jefe y arreglad esto antes de que alguien lo vea. Lo haría yo misma, pero es que no puedo…
—Quieres hacer el favor de callarte, palmera. ¡Las demás intentamos hacer la siesta!
—Mira, allí es donde vivíamos tu abuela y yo cuando nació tu madre.
—¿En ese edificio amarillo?
—No, en el de al lado, el que tiene las ventanas en el tejado.
—¿Y se vivía bien?
—Sí, aunque por aquel entonces el tejado era de pajizo y no teníamos esas ventanas.
—¿Y qué había?
—Simples aberturas. Pero recuerdo que las vistas eran fantásticas desde allá arriba. —Se pone triste— Aunque no tenía mucho tiempo para disfrutarlas porque viajaba mucho por trabajo.
—¿Y la abuela?
—La abuela se quedaba en el nido con tu madre.
—¿Solas?
—¡Qué va! La comunidad era grande. En realidad a tu abuela no le gustaba compartir la buhardilla con tantas familias, pero es lo que tenía ser paloma mensajera con pocos recursos.
—Cuando yo era joven esto no pasaba. Eran mejores tiempos, sin duda.
—¿A qué te refieres?
—Hoy en día, fíjate, tanto móvil y tanta tecnología… les absorbe el cerebro. Ya no saben ni escribir, con tantos… ¡dibujitos de esos!
—Se llaman emojis.
—Pues eso. Y de mantener una conversación, no son capaces. Ni siquiera saludan por la calle.
—Estás un poco cascarrabias hoy, ¿no?
—¿Pero no has visto lo que acaba de hacer esa?
—Ay, solo te ha echado una foto, hombre. Seguro que ha pensado que eras un viajante del pasado que no ha sabido adaptarse a la sociedad tecnológica actual… ¡Y creo que ha dado en el clavo! (Lo haces genial… dice susurrando)
—Deja ya de hablar, bastón del diablo, que sino van a descubrir que en realidad venimos del futuro…
YO: Aguantad las posiciones, por favor. Y tú, Dragón, intenta no abrir los ojos y saca más la lengua, que tiene que parecer que estás muerto.
DRAGÓN: ¿Pero quién se va creer que un simple mortal puede con un fiero dragón?
YO: La verdad es que mucha gente lo cree, de hecho, historias como esta son las que mantienen viva la esperanza y la ilusión entre las personas.
DRAGÓN: Pues no es realista. No solo es humano, sino que además lleva falda y esa espada es ridícula, ¡nunca atravesaría mi dura piel!
YO: A ver, ¿podrías no mover la boca, Dragón? Esto va a quedar mal…
SAN JORGE: Si Dragón queda mal a mí me da igual, pero yo quiero salir bien, ¡¿eh?! Potencia mis bíceps, no te olvides. Un momento, ¿qué es esto? Creo que me ha entrado una escama en la uña y me molesta.
YO: ¡San Jorge, déjate los dedos y mantén la espada bien erguida!
SAN JORGE: Es que me saca de quicio cuando este animal se mete con mi indumentaria. ¡No es por nada pero tú, Dragón, vas en cueros!
DRAGÓN: Grrrr (gruñe y se remueve).
YO: Bueno, ¡se acabó! No me hago responsable del resultado final de la escultura.
¿Qué andas buscando? ¿Qué es verdaderamente lo importante a entender y realizar? ¿Quién o qué eres? No somos, desde luego, el pensamiento. ¿Existe un yo separado e individual, o no es más que una imagen mental? ¿Qué son la mente, la conciencia, el Sí Mismo, la luz interior? Preguntas que apuntan a una "respuesta" mucho más profunda y real que lo meramente intelectual: Solo-Ser más allá de toda elaboración mental, discriminación, juicio, conceptualización, definición, categoría o dualidad sujeto-objeto. Una luz cegadora, incondicionada, que todo lo traspasa: la Mente Despierta, que a la vez es la No-Mente. La ausencia de sujeto y de todo registro mental. Todo sencillamente fluye
No se trata de nada sino de seguir viviendo dando una respuesta o una salida a ese vacío existencial original que está en el centro la galaxia llamada "yo".
Emociones, Poesía, Relatos, Carteles, Fotografías. Un doblado, "doblao" en Aracena, el pueblo de mis padres, es un lugar de la casa, en la parte más alta, bajo el tejado, al que se accede por una angosta escalera. Es un espacio no habitable donde se almacenan objetos viejos o de poco uso, y también algunos alimentos, como patatas o cebollas, entre otros. En mi Doblao del Arte guardo mis creaciones, emanadas de mis sentimientos y vivencias, que entroncan con mi imaginación, mi pensamiento, mis emociones, mi presente y mi pasado, todo ello condicionado por mis raíces.