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Una sensación muy agradable recorrió mi espinazo cuando ella me acarició. Había tenido que aguantar que me gritaran, que me pegaran, que me humillaran… los malos tratos habían formado parte de mi vida. Pero, en cuanto llegó ella, todo cambió. Me miró con sus ojos llenos de amor y me estrechó entre sus brazos; sentí que volvía a casa, a mi hogar. Ella me salvó… me adoptó y hoy caliento su regazo con mi cuerpo peludo.
Dedicado a mi nuevo compañero peludo 🙂













