Yereia

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Kithnos, año 373 a. de C.

Hemos tenido que desplazarnos hasta la antigua Grecia, donde, en un recóndito templo de una perdida isla, habita una pequeña comunidad de sacerdotisas, que se encarga de proteger el fuego eterno de la diosa Hestia. Allí reside Yereia; una joven, interna en el santuario desde niña, que posee el don de la aruspicina. Tenemos todas nuestras esperanzas puestas en ella para que, a través del sacrificio de una oveja, pueda ayudarnos a hacer frente a los espectros captores y a restablecer la magia en el templo de Alora. La única incógnita que inquieta mi alma es: ¿podrá su don traspasar el tiempo y el espacio?

 

Lídia Castro Navàs


Esta es mi propuesta para el Reto de «Lo que ves es lo que lees» del blog de Jessica Galera Andreu

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Escribir jugando

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Escribir jugando es un reto de escritura basado en juegos de mesa. Está pensado para todas aquellas personas a las que les gusta la escritura creativa y buscan un reto diferente y divertido para poner en práctica sus habilidades.

Participar es muy sencillo:

  • ¿Cuándo? Publicaré el post a principios de mes y tendrás hasta el 29 para participar.
  • Te retaré usando los dados, las cartas y demás objetos de los juegos de mesa de los que dispongo (Dixit, Story cubes, La isla prohibida…).
  • ¿Formato y extensión? Poemas o microrrelatos de un máximo de 100 palabras (tema y métrica libres).
  • ¿Quién puede participar? Todo el mundo.
  • ¿Cómo hacerlo? Hay dos formas:
    • Si tienes blog: creas una entrada donde pones el banner del reto (puedes descargarlo y usarlo con libertad), tu creación y un link a mi post de ese mes (si no eres de wordpress, deja el link en comentarios).
    • Si no tienes blog: puedes compartir conmigo tu creación a través de un comentario en el post correspondiente.
  • Cada mes escogeré la creación que más me haya gustado, sorprendido, impactado… (O sea, de forma totalmente subjetiva jeje). El día 30/31 publicaré una entrada para anunciarlo: con la creación, el/la autor/a y su blog/redes.
  • ¿Hay premio? ¡Claro! El honor de participar y poder ser escogido/a. Además, se garantiza una mejora en la práctica escrita 😉 con resultados visibles a partir del quinto mes (garantía avalada por mi formación como docente jeje).

¿Juegas? 

PS. Empiezo en julio, ¡anímate! 🙂

 

Lídia Castro Navàs

Reto: Solo una etapa

No soy muy amante de seguir cadenas de nominaciones entre blogs, más que nada por falta de tiempo.

Ayer Úrsula, de El blog de Úrsula me nominó para un reto un tanto diferente. Al principio pensé en ignorarlo, pero la historia privada que ella misma nos desvela me hizo empatizar, pues yo misma pasé por una separación traumática. El tiempo pasa y, aunque las heridas no curan, ya no duelen.

Toda etapa de la vida difícil nos enseña algo y de todo se puede sacar un fruto; mi fruto fue abrir un blog y ponerme a escribir como una posesa; y, con vuestros ánimos, acabé por publicar mi primer libro: Mis historias y otros devaneos, un recopilatorio de 101 microrrelatos. Pero no me quedé ahí, sino que estoy apunto de publicar mi cuarto libro en dos años.

Esto que os he contado ya sería suficiente como reto, pues se trata de explicar algo que nos haya marcado en la vida, pero quiero compartir otra cosa que me marcó y me llevó a plasmarlo en un micro que se llama Recuerdo indeleble.

Todos los procesos de duelo son emocionalmente difíciles, ya sean por separación o muerte. Pues bien, ese micro contiene lo que yo sentí por una muerte cercana y a una edad sensible, durante mi adolescencia.

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La de la foto soy yo en el Guggenheim de Bilbao. Foto hecha por @setah.bastet

«A veces la vida nos conduce a callejones sin salida. Hay quien se queda anclado ahí toda su vida, y hay quien se da la vuelta y busca una salida. Yo busqué una salida».

Espero que me perdonen Úrsula y los organizadores del reto, pero no voy a nominar a nadie. De las personas que me siguen y lean esto pueden hacerlo como si las hubiera nominado. 

Lídia Castro Navàs

 

128

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Había contado esos escalones en muchas ocasiones. 128. Suponían la distancia que separaba las caballerizas de mi alcoba, situada en lo alto de la torre norte, justo debajo del palomar. Pronto me acostumbré a dormir con sus arrullos y ese olor tan característico. A lo que no me habitué fue a estar tan lejos de ti, de tu calidez, de tu aroma… Cada día recorría los 128 escalones para llegar a la cuadra y estar un rato contigo, cepillarte y hablarte de cómo ansiaba mi libertad. Tú me respondías con tus relinchos, que aunque no los entendía, me reconfortaban sobremanera.

Lídia Castro Navàs