Paranoia II

PARANOIA II

Hoy he visto llover pétalos de margarita,

el aire sabía a papel quemado,

y se olía un aroma remolón.

¡Qué desidia!

En estos días inciertos,

en los que nadie sabe nada,

la contradicción parece libertinaje,

y la luna parece el sol.

Impreciso, surrealista,

decadencia, impersonalidad,

existencia…

No sabemos expresarnos

NADA, TODO, SIEMPRE

@lidiacastro79 

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Mis historias y otros devaneos by Lídia Castro Navàs is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

Libertad

Foto propia. Barcelona, 2017

Tanto oír hablar de Libertad y es que me cabreo. Que si Libertad por aquí, Libertad por allá. Siempre acaparando todas las conversaciones. Y es que llama mucho la atención, aunque a veces es muy esquiva, también. Por ejemplo, una siempre confía en ella, en que podrá salir, ir al cine o de compras; pero, no. Eso sí, ella siempre espera que le puedas hacer favores o dejarle tu mejor vestido, pero no esperes a que te lo devuelva, no. A mí me lo hizo una vez y no me hizo falta más; desde entonces Libertad ya no es mi amiga. 

Lídia Castro Navàs

Salir de nuevo

Foto propia. Austria, 2017

Respirar el aire fresco y húmedo de la ciudad me ha resultado gratificante, después de estar días, tal vez semanas, encerrado en la penumbra de ese reducido espacio llamado hogar. He salido por ella, no por voluntad; uno se acostumbra rápido a la inactividad total. Lo peor ha sido el esqueleto entumecido; sales a la calle, te desplegas y te estiras entre algún que otro crujido. Lo mejor, sentir las gotas de lluvia sobre mí, notar cómo resbalan hasta precipitarse en el suelo, sin traspasarme, envolviéndome con una frescura que contrasta con la calidez con que ella me sostiene con su mano.

¡Y es que soy un paraguas con suerte aunque a veces me deprima!

 

Lídia Castro Navàs

Nacer en el suelo

Nací junto con mis dos hermanas en el suelo, un día de verano en medio de un sofocante calor. Continuamos unidas por un mismo cordón umbilical que nos da el sustento necesario para crecer. Hasta el otoño no podremos ser separadas, cuando nuestro cuerpo haya doblado su tamaño y el sol haya dotado a nuestra piel del color anaranjado propio de las calabazas maduras.

Foto propia

Lídia Castro Navàs

Día de lluvia

 

Voy caminando por la calle húmeda. El cielo sigue gris y la lluvia amenaza con seguir cayendo, dejando en letargo mis ansias de correr sin cadenas. Veo un árbol de ramas caídas, que casi rozan el suelo como si quisieran besarlo, pero no lo alcanzan. Y me recuerdan el frágil deseo que anida en algunos corazones solitarios.

Cae la lluvia,
el árbol triste llora
y yo camino.

Lídia Castro Navàs

Este es mi primer haibun, espero que no sea el último. Te dejo información sobre esta forma poética japonesa

 

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El lago esmeralda

Foto propia

Lo llaman «lago esmeralda» por el color de sus tranquilas aguas; lo que nadie sospecha es la verdadera historia que se esconde detrás de ese color. Fue debido a una gran matanza de nereidas por parte del dios Poseidón. En un arrebato de locura transitoria acabó violentamente con la vida de todas las ninfas que habitaban en el lago, derramando su sangre color esmeralda en sus aguas y tiñéndolas para siempre.

Lídia Castro Navàs

Así salvé mi alma 

Foto propia. Austria, 2017

El edificio dedicado a Dios ya estaba terminado. Cada piedra, cada gárgola, cada arco ojival y cada ventana polilobulada había sido construida con mis propias manos. Lo que nadie sabía es que había hecho un trato con el mismísimo diablo, quien, a cambio de la construcción de la iglesia, me había exigido poseer el alma del primer ser que traspasara el umbral del sacro lugar. Pero fui más listo que el diablo e hice entrar a un lobo en la iglesia antes que yo; así salvé mi alma.

Lídia Castro Navàs

A la carrera

Corría lo más rápido que podía, el corazón me latía fuerte y por mis venas dilatadas circulaba rauda la sangre. Mi perseguidor había conseguido clavarme las uñas antes de iniciar la carrera, pero ya veía el refugio a solo unos metros de mí. Respiré aliviado en cuanto pude colarme por ese agujero de la caja de cartón, donde los humanos guardaban disfraces y máscaras. Era un ratón con suerte; el gato tendría que esperar otra ocasión para cazarme.

Esta entrada es para participar en el Reto 5 líneas del blog de Adella Brac.

Lídia Castro Navàs

 

Maldición 

Era alegre y risueño, pero una maldición que un aprendiz de hechicero le lanzó al azar, lo transformó en un feroz animal de piedra. Y así quedó condenado a estar enfadado por el resto de sus días en la fachada de un palacio del norte de Europa.

Foto propia. Zúrich, 2017

Lídia Castro Navàs