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Acerca de Lídia Castro Navàs

Te espero en Mi Blog, espacio de mis historias y otros devaneos

Dulces de leche

Foto propia. Polperro, 2016

De pequeña le encantaba comer dulces de esos de leche y caramelo. Por su peso y anatomía no lo tenía permitido, pero ella los comía igual, a escondidas. Como era muy observadora, aprendió a prepararlos según la receta tradicional de la granja donde nació. Su familia no era la dueña de esas tierras, solo estaba al servicio de los amos. Ella sentía que no encajaba allí y su gran sueño era montar su propia tienda de dulces de leche, pero sus más allegados le decían que lo olvidara, que no lo conseguiría, que nadie le compraría dulces a una vaca. Resulta que no sabía que las personas suelen desconfiar de los animales que hacen cosas fuera de lo común.

Lídia Castro Navàs

La luz del atardecer 

Foto propia. rodas, 2009

La luz del atardecer bañaba los sillares de la muralla dejándolos dorados. Esos muros que me protegían y a la vez me hacían prisionero… No creí que acabaría mis días en esta isla sin ver mundo. Siempre quise embarcar y surcar los mares a lomos de un navío. Pero mis deseos se han convertido en sueños. Sueños rotos por la realidad que me ha tocado vivir. El único consuelo que me queda es el gozo de observar todos los atardeceres desde mi posición privilegiada. Y es que ser un cañón de muralla me permite tener unas vistas únicas del horizonte. 

Lídia Castro Navàs

Robo en el tiempo

Ya tenía la máquina lista y la misión, planeada: entraría de noche en su estudio, localizaría el libro y me lo llevaría conmigo. Sabía que haciéndolo, alteraría la historia y solo contaba con una oportunidad. Viajé a 1605 y robé la primera edición de El Quijote. El problema es que solo era la primera parte. La segunda no se publicaría hasta diez años más tarde. Si hubiera estado más atento en mis clases de literatura…

Lídia Castro Navàs

 

Salir del armario 

No es fácil dar el paso. Que si las plumas, que si las lentejuelas… No es que me gusten, es lo que soy. ¡Qué sensación de libertad poderse mostrar como uno es! ¿No sé cómo he podido estar tanto tiempo encerrado en el armario? La música, las luces, los colores… Me fascina todo a mi alrededor. Sé que habrá quien lo desapruebe, pero me da igual. Ya no aguantaba más en ese maldito armario, entre plástico y naftalina. Solo espero que el año pase rápido para volver a salir en el próximo carnaval.

Firmado: Un disfraz.

Lídia Castro Navàs

En las puertas del templo 

Foto propia. Roma, 2008

Siempre la veo en las puertas del templo. Raras veces entra durante la liturgia, pero allí está. Es como si una fuerza invisible la atrajera hasta ese lugar. Se queda durante todo el día, aunque desaparece cuando cae la noche. Tampoco se presenta los días nublados y me siento triste cuando eso ocurre. Me encanta poder mirarla, desprende energía y calidez. 

¡Y es que la luz tiene un efecto muy positivo en mí!

Lídia Castro Navàs

La llegada del príncipe 

Foto propia. Barcelona, 2016

Cuando el príncipe llegó a palacio, el mozo de cuadra se encargó de su montura, mientras él fue directo a asearse. Dos días de lucha encarnizada le habían proporcionado un aspecto tosco y un aroma penetrante. Al llegar a sus aposentos, la luz del día se colaba por las ventanas polilobuladas e iluminaba el suelo a través de los cortinajes. Se sintió aliviado, las campañas nocturnas le dejaban unas secuelas que le durarían unos cuantos días. Pero un buen baño y una ración de la más rica carne, y sería otro. Se sacó la pesada armadura y los calzones, entonces entró su madre, la reina, sobresaltándole.

—¡Mira qué horas de llegar… El próximo fin de semana, no sales! 

—Pero mamá… 

—¡Haz el favor de poner tus deportivas en la ventana, huelen que apestan! Deja de leer tus tebeos y métete en la ducha, la comida está casi lista.

—Sí, mamá, ya voy…

Lídia Castro Navàs