Nacer en el suelo

Nací junto con mis dos hermanas en el suelo, un día de verano en medio de un sofocante calor. Continuamos unidas por un mismo cordón umbilical que nos da el sustento necesario para crecer. Hasta el otoño no podremos ser separadas, cuando nuestro cuerpo haya doblado su tamaño y el sol haya dotado a nuestra piel del color anaranjado propio de las calabazas maduras.

Foto propia

Lídia Castro Navàs

Mi visión de… Menos cuentos de hadas y más polvos reales: ANA

Os traigo una obra de nuestra compañera Sadire Lleire del blog Divagaciones en rosa a la que muchos seguro que ya conocéis. En sus entradas siempre nos ofrece una visión muy personal y crítica de aspectos variados; a veces en forma de ensayo, otras de relato. Pero nunca te deja indiferente.

Pues bien, Sadire se ha lanzado a la piscina de los autopublicados con esta novela breve, de corte romántico pero con tono de humor e ilustraciones incluidas. La sinopsis, en pocas palabras, sería que Ana, la protagonista, lo deja todo por amor y emprende un viaje que la llevará a cambiar de ciudad, de casa, de amistades, de trabajo… en definitiva: de vida.

Lo que más me sorprendió es el humor que contiene y el lenguaje tan ameno que usa, que convierte la lectura en algo agradable y tronchante a partes iguales. Usando una expresión que me encanta, diré que esta novela es «la monda lironda».

Encontraréis una historia llena de amor y desamor, engaños y desengaños, amistad de la buena, mucho humor para contrarrestar la mala leche de algunas personas y tenacidad, mucha tenacidad por parte de Ana que, aunque tropieza muchas veces en su vida, no se deja doblegar.

Lo que quiero destacar a título personal es que Sadire pone de relieve un tema que me preocupa y que es el reflejo de nuestra sociedad desigual: el trato que algunos hombres dispensan a las mujeres por el simple hecho de sentirse superiores y con un derecho adquirido del patriarcado que ha traspasado los siglos (seguiremos luchando 💪).

En conclusión, una lectura muy entretenida y divertida, con momentos de rabia, de crítica, de ilusión y de humor del bueno. Novela recomendable para leerla en un par de ratos porque engancha.

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Lídia Castro Navàs

Día de lluvia

 

Voy caminando por la calle húmeda. El cielo sigue gris y la lluvia amenaza con seguir cayendo, dejando en letargo mis ansias de correr sin cadenas. Veo un árbol de ramas caídas, que casi rozan el suelo como si quisieran besarlo, pero no lo alcanzan. Y me recuerdan el frágil deseo que anida en algunos corazones solitarios.

Cae la lluvia,
el árbol triste llora
y yo camino.

Lídia Castro Navàs

Este es mi primer haibun, espero que no sea el último. Te dejo información sobre esta forma poética japonesa

 

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Mis historias y otros devaneos by Lídia Castro Navàs is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

El lago esmeralda

Foto propia

Lo llaman «lago esmeralda» por el color de sus tranquilas aguas; lo que nadie sospecha es la verdadera historia que se esconde detrás de ese color. Fue debido a una gran matanza de nereidas por parte del dios Poseidón. En un arrebato de locura transitoria acabó violentamente con la vida de todas las ninfas que habitaban en el lago, derramando su sangre color esmeralda en sus aguas y tiñéndolas para siempre.

Lídia Castro Navàs

Así salvé mi alma 

Foto propia. Austria, 2017

El edificio dedicado a Dios ya estaba terminado. Cada piedra, cada gárgola, cada arco ojival y cada ventana polilobulada había sido construida con mis propias manos. Lo que nadie sabía es que había hecho un trato con el mismísimo diablo, quien, a cambio de la construcción de la iglesia, me había exigido poseer el alma del primer ser que traspasara el umbral del sacro lugar. Pero fui más listo que el diablo e hice entrar a un lobo en la iglesia antes que yo; así salvé mi alma.

Lídia Castro Navàs

A la carrera

Corría lo más rápido que podía, el corazón me latía fuerte y por mis venas dilatadas circulaba rauda la sangre. Mi perseguidor había conseguido clavarme las uñas antes de iniciar la carrera, pero ya veía el refugio a solo unos metros de mí. Respiré aliviado en cuanto pude colarme por ese agujero de la caja de cartón, donde los humanos guardaban disfraces y máscaras. Era un ratón con suerte; el gato tendría que esperar otra ocasión para cazarme.

Esta entrada es para participar en el Reto 5 líneas del blog de Adella Brac.

Lídia Castro Navàs

 

Maldición 

Era alegre y risueño, pero una maldición que un aprendiz de hechicero le lanzó al azar, lo transformó en un feroz animal de piedra. Y así quedó condenado a estar enfadado por el resto de sus días en la fachada de un palacio del norte de Europa.

Foto propia. Zúrich, 2017

Lídia Castro Navàs

La fórmula 

Foto propia. Suiza, 2017

Mis pasos resonaban sobre la madera al atravesar el puente cubierto. Iba tan rápido como las piernas me permitían. El frío azotaba a aquellas horas de la mañana y mis pies, anegados por la lluvia incesante, empeoraban la situación. Tenía que llevar la noticia al palacio. La información que atesoraba era de vital importancia, pues acabaría con años de amargura.

El hijo del boticario había encontrado la fórmula. Se dejó la máquina agitadora encendida toda la noche, y gracias a ese descuido, Rodolphe Lindt acababa de dar con la receta definitiva que permitiría que todo el mundo disfrutara de la sensación del chocolate fundiéndose en la boca.

Lídia Castro Navàs

El postigo

Foto propia. Torino, 2016

El espléndido día de sol y calor me hacía envidiar un largo paseo por las más de cien hectáreas ajardinadas. No me permitían salir del palacio, pero me conformaba con admirar los jardines desde mi privilegiada posición. Mis funciones eran claras: dejar pasar el fresco, impedir la entrada del sol directo y evitar las miradas indiscretas, excepto la mía; los humanos no saben cómo de curiosos podemos llegar a ser los postigos. 

Lídia Castro Navàs

Desde la fortaleza

Los inviernos desde la atalaya de la fortaleza eran largos y duros, pero mi tarea de vigía me hacía sentir importante. Toda la ciudad se hallaba a mis pies, servil e indefensa; mientras yo, altiva y robusta, disfrutaba oteando el horizonte en busca de enemigos. Y es que ese es el principal objetivo de una torre de defensa como yo.

Lídia Castro Navàs